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DE ASUNTOS PÚBLICOS ARGENTINA

Argentina: una historia de crecimiento elusivo

“Hay países ricos, hay países pobres que están dejando de serlo y luego está la Argentina.”

                                                                                                                                             Anónimo

  1. I. CRISIS DE LARGA DURACIÓN Y PANDEMIA

La historia económica argentina está marcada a fuego por la palabra crisis. Desde el arranque de nuestra nación hemos tenido una crisis cada ocho años y el PBI ha mostrado una caída (absoluta) en uno de cada cuatro años (Tabla 1).

Hemos tenido muchas memorables, pero la que estamos atravesando será sin dudas una de las más recordadas. No nos atrevemos a decir que resultará la más grave de todas porque la historia argentina se ocupa de desmentirnos con facilidad. Lo más probable es que se la recuerde con el nombre de Coronacrisis o algún nombre similar. Pero ¡atención! Argentina ya estaba en crisis desde antes de la pandemia de COVID-19.

Gráfico 1. PBI real. Serie sin estacionalidad. Base “pico” previo = 100.

 

 

Fuente: [email protected] Económicas en base a INDEC y O.J. Ferreres.

Limitándonos sólo a la actividad económica, porque los indicadores de crisis abundan, en el primer trimestre de 2020 (pre-pandemia) el PBI ya se había desplomado (en términos desestacionalizados) -4.8%, el consumo privado -6.8%, la inversión -9.7% y las exportaciones -13.4% respecto del último trimestre de 2019. La cuarentena estricta y temprana que arrancó en marzo-20 y que estuvo en vigencia durante 234 días, una de las más largas del mundo, no hizo más que agravar esa dinámica y profundizar la caída.

En efecto, la caída del PBI del segundo trimestre de 2020 (-15.9% respecto de los tres meses previos) superó a todas las de las crisis previas (Gráfico 1), incluso la que tuvo la Argentina en la gran recesión de los últimos dos trimestres de 2001 y el primero de 2002.  En aquel entonces, la actividad había acumulado una caída de -14.5% en tres trimestres, entre el 3T-2001 y el 1T-2002, para recuperarse a partir de entonces.

A diferencia de esa crisis, en esta oportunidad el rebote de la actividad fue notable (+13.1% en el tercer trimestre de 2020 respecto del piso de abril/junio-20), básicamente como consecuencia de que el colapso de la actividad económica vino de la mano de las restricciones a la movilidad y el confinamiento de la población.

Pero las condiciones macro que han impedido que la Argentina crezca desde 2017 siguen vigentes. La Administración Fernández no solo no logró revertirlas en los meses de gestión pre-pandemia, sino que muchas de ellas, como veremos más adelante, se intensificaron o se agravaron desde entonces.  Como consecuencia de ello, suponiendo que se crece a partir de 2022 al 2.5% anual, volveríamos a tener el PBI de 2019 en 2023 y el “pico” de 2017 en 2025 (Gráfico 2). Ahora bien, y siendo que el pico de 2017 no es muy distinto al de 2011, podríamos decir que, tomando un escenario muy optimista, ¡en 2025 recién tendríamos el PBI de 2011! Sería otra “década perdida”, similar a la que tuvimos entre 1975 y 1990 (hablamos de década, pero fueron y serían otros quince años de estancamiento). O sea que en cincuenta años habremos tenido ¡dos períodos de quince años sin crecimiento alguno! Un lujo que prácticamente ningún país del mundo habrá osado darse.

Gráfico 2. PBI real. En millones de ARS, a precios constantes.

Fuente: [email protected] Económicas en base a INDEC y estimaciones propias.

Si tomásemos el PBI per cápita en dólares, y suponiendo que Argentina crece según el supuesto del Gráfico 2, llegaríamos al nivel pre-pandemia hacia fines de 2026. Pero no lograríamos volver al nivel de ingreso per cápita de 2017 en un horizonte de al menos 10 años. Tal como puede verse en el Gráfico 3, para recuperar dicho nivel de 2017 en 2026, haría falta un crecimiento de los ingresos en dólares del orden del 9.5% anual promedio. Esto requeriría de un crecimiento del ingreso real y/o una apreciación del peso difíciles de prever en ausencia de un cambio radical de las políticas económicas hoy vigentes.

Gráfico 3. PBI per cápita. En millones de USD, a precios corrientes.

Fuente: [email protected] Económicas en base a INDEC y estimaciones propias.

Tal como se informó en varios medios hace algunas semanas atrás, un informe de la OECD señala que la Argentina es el país al que más tiempo le demandará recuperar su nivel de ingreso real per cápita previo a la pandemia (Gráfico 4). En dicho informe, al tratar el caso argentino, se sostuvo que “los persistentes desequilibrios macroeconómicos y las nuevas restricciones a la movilidad lastran la demanda interna y limitan la recuperación”. Nuestras proyecciones son similares a las del organismo, dado que estimamos que a mediados de 2026 Argentina recuperará el nivel de ingreso real per cápita de 2019 (previo a la pandemia).

Gráfico 4. ¿Cuánto falta para recuperar el PBI per cápita de antes de la pandemia?

Fuente: OCED Economic Outlook Nº 109.

  1. II. LA ARGENTINA DE LAS CRISIS

Tal como mencionamos en el primer párrafo de este informe, las crisis económicas han sido una constante en la historia Argentina. Como resultado de esas crisis la trayectoria del producto bruto de Argentina está lleno de “V” cortas: fuertes caídas seguidas de rápidas recuperaciones.

Las caídas coinciden con crisis que perduran en la memoria: Rodrigazo, Crisis de la Deuda y Malvinas, las dos Hiperinflaciones, el Tequila, y la crisis de 2002. Tales crisis fueron una suerte de borrón y cuenta nueva. La macro arrancaba después de la mayoría de ellas sin déficit fiscal o con un déficit sustancialmente menor, con un balance del BCRA saneado, con menos inflación y con un tipo de cambio competitivo (muchas veces con un fuerte overshooting, sobre depreciación cambiaria). Tales condiciones viabilizaban el crecimiento del producto y en muchos casos coincidían con el arranque de un nuevo gobierno. Así las crisis son la manifestación de desequilibrios macroeconómicos que no son resueltos a tiempo y son el mecanismo a través del cual se “licúan” esos desequilibrios, toda vez que la política no sabe, no quiere o no puede resolverlos.

El Gráfico 5 permite ver lo que comentamos más arriba: la caída de 2020 es la mayor caída del PBI de la historia. También puede observarse que desde 2012 hasta acá el crecimiento (o la falta de él) muestra una notable volatilidad. Se suceden años de alzas y bajas del PBI, sin definir una tendencia. Un período donde los desequilibrios macro resultaron evidentes, tanto como la incapacidad de los sucesivos gobiernos para resolverlos, que parece no terminar como otros períodos históricos en una crisis terminal que eventualmente los licúe. Más adelante volveremos sobre este punto.

Gráfico 5. Ciclos del PBI. 1970 – 1T-2021. En millones de ARS de 1993.

Fuente: [email protected] Económicas en base a INDEC, FIEL y Broda.

Volvamos mientras tanto al pasado. Como resultado de las crisis y de la enorme volatilidad, la tasa de crecimiento histórica de Argentina desde 1811 ha sido de 3.2% anual. Pero ese crecimiento mostró una variabilidad tal que el dato en sí mismo no aporta demasiada información: el desvío estándar (el rango de variabilidad) de ese 3.2% ha sido nada menos que 5.8%. Entonces, si lográsemos mantener esa tasa promedio de manera estable durante los próximos veinte años no estaría nada mal. Puede que luzca poco ambicioso, pero no. Menos aún si tenemos en cuenta que desde 1979 la tasa de crecimiento promedio de la Argentina cayó al 1.7% anual, mientras que el desvío estándar subió levemente a 5.9%. Esa tasa de crecimiento promedio anual de sólo 1.7% es equivalente a 1/3 de la tasa de crecimiento del mundo emergente y a 1/5 de la de crecimiento del Sudeste de Asia.

El divorcio de la Argentina respecto del crecimiento del resto del mundo no es nuevo y tiende a agravarse a partir del momento en que el mundo acelera su crecimiento después de la Segunda Guerra Mundial.

Para analizar lo acontecido en materia de crecimiento económico en la Argentina de los últimos 100 años, arrancamos en 1875 y terminamos en 2010. Utilizamos las series de PBI de poder adquisitivo constante en dólares elaboradas por Angus Maddison para la OECD en 1995 y las actualizamos hasta 2010[1]. La idea es poder contar con series comparables con otros países (lo cual haremos más adelante).

Tomando el Gráfico 6, que muestra la evolución del producto por habitante (PBI per cápita) –un indicador del nivel de bienestar de un país– se observa:

  • Una etapa de sostenido crecimiento que arranca en 1880 y que se vería interrumpido por la crisis de la Primera Guerra Mundial, primero, y por la Crisis de 1930, después.
  • Una segunda etapa de crecimiento luego de dicha crisis, en la que el PBI crece, pero a un ritmo un tanto más lento y con una relativa mayor volatilidad.
  • La etapa anterior se extiende hasta mediados de los años ’60, cuando se produce una aceleración del ritmo de crecimiento que se interrumpe claramente hacia mediados de 1970. Allí comienza un largo período de 15 años de estancamiento económico (la famosa “década perdida” en Argentina duró 15 años).
  • En los ’90 se inicia una nueva etapa de expansión del producto, a tasas elevadas (similares a las verificadas en los ’60) que culmina en 1998 cuando la Argentina entra en otro período de contracción económica que culmina con la crisis de 2001/2002.
  • A partir de 2003, Argentina vuelve a crecer a tasas elevadas, recuperando parte del tiempo perdido, hasta que, a partir de 2008, tal como lo comentamos antes, la volatilidad vuelve a hacer de las suyas.

Gráfico 6. PBI per cápita de Argentina. En dólares de poder compra constante, a precios de 1990.

 

Fuente: Elaboración propia en base a Angus Maddison OECD (1995)

Pero cualquier visión sería parcial y potencialmente equivocada si no tomásemos en cuenta la performance económica de otros países. Sobre todo, cuando otros países con puntos de partida similares y otros relativamente atrasados a inicios del siglo XX, sí experimentaron procesos de crecimiento económico sostenido. Esto es crucial porque al poner en perspectiva el crecimiento de la Argentina vis a vis el de otros países, el “fracaso” de los últimos 40 años queda relativizado ya que se inscribe dentro de un “fracaso” de un alcance aún mayor.

En efecto, la divergencia es notoria cuando se compara el comportamiento del PBI per cápita argentino con la experiencia de los Estados Unidos, Canadá y Australia (Gráfico 7). Las tres eran economías muy parecidas a la de Argentina de inicios del siglo pasado (unificación nacional reciente, masiva inmigración, gran disponibilidad de recursos naturales), y siguen siéndolo aún hoy, y los tres países, a diferencia de la Argentina, lograron crecer en forma sostenida.

Gráfico 7. PBI per cápita. En dólares de poder compra constante, a
precios de 1990.

Fuente: Elaboración propia en base a Angus Maddison OECD (1995).

La historia del crecimiento de Argentina cuando se la compara con la de esos tres países con características estructurales y condiciones iniciales similares puede dividirse, groseramente, en dos períodos bastante claros:

  • Desde 1875 hasta la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los países se comporta de manera muy similar, con tasas relativamente bajas de crecimiento. Como vimos anteriormente, el crecimiento económico moderno es un fenómeno que no tiene más de 60 años.
  • Hacia el final de la Segunda Guerra, se produce una marcada aceleración de las tasas de crecimiento del producto en la mayoría de los países que no es acompañada por la Argentina.

El “divorcio” de la Argentina respecto de los países que eran sus pares a inicios del siglo pasado es un fenómeno de larga data, aun cuando claramente el mismo se agudiza desde mediados de los ‘70. Tomando por ejemplo el caso particular de Canadá, se observa que hasta fines de la década del ‘40 prácticamente no existieron diferencias, no sólo en cuanto a la performance de crecimiento sino también en cuanto a los niveles de ingreso per cápita de ambas economías. Incluso en algunos años de la última década del siglo XIX y durante la Crisis de 1930, el PBI per cápita de Argentina resultó superior al canadiense.

Ahora bien, ¿Cuándo fechamos el inicio del fracaso de la Argentina en materia de crecimiento económico?  Porque el comportamiento divergente de la Argentina no se inicia en los ‘70, con la década perdida, sino que se verifica desde mucho antes.

En efecto, cuando observábamos el comportamiento del PBI per cápita argentino (Gráfico 6), habíamos visto que, si bien se habían producido una serie de contracciones y aceleraciones, su crecimiento no se había detenido sino hasta mediados de 1970.  Pero el Gráfico 7 pone de manifiesto que la pérdida de dinamismo es incluso anterior. Argentina siguió creciendo después de la crisis del ‘30, pero lo hizo a una velocidad inferior a la que crecía la economía con el liderazgo tecnológico y otras economías que inicialmente se le parecían.

El divorcio entre la performance de crecimiento de la Argentina y la de los Estados Unidos y otros países con condiciones iniciales similares (en el momento en que el mundo comenzó a crecer) nos brinda un panorama distinto al que se obtiene si se toma en cuenta en forma aislada la evolución del ingreso per cápita argentino. En síntesis:

  • Hacia fines del siglo XIX la Argentina crecía aceleradamente, incluso por encima de otros países de estructura económica similar (EE. UU., Canadá, Australia) y ostentaba estándares de vida similares a la de tales países.
  • En las primeras décadas del siglo XX, la Argentina seguía creciendo aceleradamente pero ya un ritmo similar al de otros países de estructura económica similar (EE. UU., Canadá, Australia).
  • En los años ‘40, cuando el crecimiento comienza a acelerarse en todo el mundo, la Argentina comienza a mostrar un comportamiento divergente.
  • Dicha divergencia se profundiza como resultado de las crisis de mediados de los 70, fines de los 80 y fines de los 90. El producto per cápita de 2002 no era muy distinto de los comienzos de la década del ‘ Lo que primero era una divergencia relativa (se crecía, pero menos que el país con el liderazgo tecnológico y menos que los países que convergían hacia los estándares de vida del país líder) se convirtió en un franco estancamiento.
  • El estancamiento del ingreso per cápita se verifica aun cuando la Argentina experimentó, en las últimas cinco décadas, tres períodos de crecimiento acelerado (1964-1974, 1990-1998, y, el último que arrancó en 2003 y terminó en 2008).

A modo de conclusión, mientras que la separación de Argentina es evidente como fenómeno de largo plazo, no se puede pasar por alto entonces que el proceso no ha sido homogéneo.  Entre 1940 y 2010 se sucedieron diferentes períodos de aumento y de reducción de la brecha de ingresos, los cuales, en su gran mayoría obedecieron al propio comportamiento de la Argentina.

III. ALGUNAS REFLEXIONES FINALES

Para que la estabilidad macro y el crecimiento dejen de ser elusivos y que el futuro no repita el pasado, el puntapié inicial debería ser contar con un análisis lo más crudo posible de las razones que nos han hecho fracasar. Sin embargo, llegar a un diagnóstico común o único es una tarea harto difícil, por cierto, cuando muchos de los actores que deben ser parte de cualquier solución se niegan a ver nuestro pasado (e incluso nuestro presente) tal cual es y se empeñan por reinterpretarlo o reescribirlo. Aun así, tal vez todavía exista alguna forma de intentar ese cambio sin entrar en debates históricos (o en la búsqueda de culpables) que no hacen más que consolidar el statu quo.

Argentina necesita dar su propio gran salto hacia delante. Hay que instrumentar un cambio de régimen e intentar cambiar la geografía en la que hemos vivido durante estas últimas décadas, probar con lo que no se ha hecho y dejar de insistir con las mismas recetas. Hemos tratado de convivir con los problemas, pero no hemos hecho demasiado para que desaparezcan. Y esos problemas irresueltos urden su venganza. La receta de ahogar al sector privado (empresarios, comerciantes, consumidores, ahorristas e inversionistas) con más impuestos y más regulaciones no hace otra cosa más que reducir el ahorro, la inversión y la generación de empleo.

Aun cuando no hay una receta única para alcanzar el crecimiento económico sustentable, cualquier receta exitosa siempre tiene como ingredientes la estabilidad macroeconómica, la estabilidad de las reglas del juego, la seguridad jurídica y la protección de los derechos de propiedad. Pero en Argentina todo ese marco está sujeto a una enorme incertidumbre; hasta preceptos constitucionales lucen vulnerables frente a mayorías circunstanciales o a excepcionalidades o emergencias también circunstanciales. Para que las expectativas puedan cambiar radicalmente y se vuelva a crecer, Argentina no necesita más regulaciones, sino menos. No necesita más impuestos, sino menos. No necesita una economía más cerrada y menos competitiva. Y mucho menos necesita un Estado cada vez más grande y por cierto cada vez menos eficiente, sino todo lo contrario.

Hoy un cambio de enfoque tal luce muy poco probable, por diversos motivos.

En primer lugar, porque la coalición gobernante (incluyendo el Presidente) profesa otro credo: el del “más Estado” como respuesta a todos los problemas.

Segundo, porque una proporción significativa del electorado argentino lo comparte. Según encuestas de Isonomía Consultores, un 70% de la opinión pública está de acuerdo con la intervención del Estado en la economía y favorece los controles de precios y otras intervenciones similares. Lo más dramático de esas encuestas es que al mismo tiempo existe una proporción similar de encuestados que sostiene que dicha presencia e intervención estatal es negativa e ineficiente. Así, la preferencia por la intervención estatal resultaría ser una sinrazón inexplicable y, por lo tanto, muy difícil de ser corregida con más evidencia empírica y/o argumentaciones racionales.

Por último, y aun cuando las circunstancias justifiquen dejar a un costado esos credos, dogmas y prejuicios, las dificultades para llevar adelante un cambio proactivo de la política económica podrían resultar insalvables. Lo que sucede en materia de tensiones sociales y violencia callejera en Colombia opera como una suerte de espejo en la que ningún otro gobierno quiere verse. Tengamos presente que los cambios que la Argentina necesita van mucho más allá de compensar o revertir las políticas impulsadas durante la pandemia. El desafío es cambiar todo el régimen de política económica y no solo corregir o modificar marginalmente algunas cuestiones. El temor a que el cambio genere conflictos de dinámicas imprevisibles ha sido y es un obstáculo prácticamente insuperable para el cambio. Pero no hay cambio sin conflicto.

Obviamente a mayor poder político (a mayor gobernabilidad), mayor es la capacidad de un gobierno de enfrentar conflictos y llevar adelante un cambio de régimen. Pero lo cierto es que, incluso cuando la imagen y la percepción de gobernabilidad del presidente Fernández pudieran mejorar, no hay ninguna certeza de que esa mayor gobernabilidad sea usada para impulsar un cambio como el que el país necesita.

De todas maneras, lo que suceda en materia de gobernabilidad no será inocuo. Pasadas las elecciones, al Presidente todavía le quedarán dos años por delante de gestión y la percepción de poder que se tenga de él será fundamental para la dinámica y la velocidad de la corrección macro que se producirá de no mediar un cambio profundo de la política económica.

Lamentablemente, ni el fin de la pandemia ni las elecciones se perfilan como capaces de erradicar el “más de lo mismo”. El gradualismo de antes y el vamos viendo de hoy son máscaras de las que se vale el status quo para perpetuarse y perpetuar el fracaso del que tanto nos cuesta salir.