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DE ASUNTOS PÚBLICOS ARGENTINA

Algunos apuntes sobre la inflación

LLYC – PRÁCTICA DE ASUNTOS ECONÓMICOS
POR LUIS SECCO, MIEMBRO CONSEJO ASESOR LLYC

 

El INDEC informó que el Índice de Precios al Consumidor Nacional de mayo arrojó un aumento de 3.3% mensual, acumulando un incremento de 48.8% en los últimos doce meses y de 21.5% en los primeros cinco meses del año. Si bien el 3.3% estuvo por debajo del guarismo de abril (4.1%) y algo por debajo de las estimaciones privadas (3.6% según el relevamiento de expectativas del BCRA), en el acumulado de 12 meses continúa la aceleración inflacionaria que arrancó en diciembre pasado (el dato interanual de abril había sido de 46.3%). Si tomamos la inflación promedio de los últimos seis meses (una media de 4% por mes),
Argentina tiene una tasa inflación mensual que es superior a la inflación anual de 115 países. Tengamos en cuenta también que sólo hay 17 países (sobre unos 180 países de los que tenemos datos) que tienen dos dígitos de inflación anual.
• La apertura del índice en sus diversos componentes permite ver un incremento mayor al promedio general en los precios regulados 3.8% (básicamente por la corrección de algunas tarifas de servicios domiciliarios -como electricidad- y de  transporte) y en la inflación núcleo 3.5%. La “buena noticia” provino del comportamiento de los precios estacionales (frutas, verduras, ropa, turismo y excursiones), que sólo aumentaron 1.5% durante mayo. De todas maneras, cuando se observa lo acontecido en los últimos doce meses, la foto es bastante diferente: los precios estacionales muestran un incremento de 58.6%, la inflación núcleo una suba de 52.5% y los regulados un alza de 32.6%, siendo estos últimos
un determinante clave por el cual el IPC se ubica en 48.8% y no por encima del umbral del 50% anual.
• En línea con este último punto, y en un contexto en el cual se insiste en medidas de índole microeconómica y sectorial para desinflar la economía, resulta muy interesante analizar de manera más desagregada el comportamiento de los precios. Tal como puede verse en el Gráfico 1, son muchos los capítulos que muestran un aumento mayor al promedio, en tanto también hay una gran
cantidad de ítems que aumentan por debajo del promedio, pero muy cerca del mismo. Dentro de este último grupo se encuentran muchos precios que son objeto de control y congelamientos por formar parte de la canasta básica de consumo. Está claro que el promedio (del IPC) mostraría un incremento mucho mayor de no mediar el efecto de los precios regulados (mejor dicho, congelados) de los servicios públicos (que son los que se ubican en la parte de abajo del gráfico).

Gráfico 1. IPC GBA*1. Variación % interanual de precios, mayo-21. En %

Fuente: Elaboración propia en base a INDEC

1 *A los fines de mostrar toda la apertura del Índice de Precios al Consumidor (IPC), se recurre al IPC correspondiente
a la región GBA (Gran Buenos Aires) dado que el INDEC no publica la mencionada apertura para el agregado nacional
y la región GBA resulta el mejor proxy de tal cobertura.

• En otras palabras, la inflación no es el aumento de algunos precios. No se circunscribe a lo que sucede con los precios de algunos bienes, sino que es un fenómeno macro, que involucra a toda la economía y que demanda soluciones e instrumentos de política macroeconómica. Sin embargo, los instrumentos que hoy son los preferidos para controlar la inflación pasan preferentemente por medidas de naturaleza mucho más micro (congelamientos, acuerdos, controles, y desaliento de las exportaciones) que macro. Es que, por el momento, ni la
austeridad fiscal y monetaria de los primeros meses del año, ni la “tranquilidad cambiaria” a la que recurrentemente hace mención el Ministro Guzmán, parecen ser suficientes para anclar las expectativas inflacionarias en niveles que permitan descontar una desaceleración hacia niveles más compatibles con las metas oficiales.
• Más allá de la relativa ineficacia o inefectividad innata de las medidas (los controles de precios, los congelamientos, los “precios cuidados”, los “acuerdos sectoriales”, etc.), la experiencia argentina indica que la vida útil de los mismos es directamente proporcional al poder político y la credibilidad de quienes las impulsan. Esto es así, entre otras cosas, porque el sector privado necesita creer que si el controlado cumple, el que controla también lo hará. Y ello implica llevar adelante políticas macroeconómicas consistentes con la reducción de la tasa de inflación. Dichas políticas requieren, por lo general, de un caudal y de un clima político adecuados para ser implementadas y ejecutadas de manera duradera y
consistente. O sea, un contexto que no se parece en nada al actual contexto pandémico y preelectoral argentino.
• En efecto, el control (coordinación) de la nominalidad involucra también las variables nominales que controlan las autoridades económicas: el gasto público y la emisión monetaria de origen fiscal. Muchas veces se piensa que el descontrol nominal podría provenir de la remarcación de precios del sector
privado o de reclamos salariales de los trabajadores (en ambos casos por encima de las metas fijadas por el Gobierno o de las metas que pudieran surgir de algún acuerdo sectorial o social). Pero, la más de las veces, quienes rompen la coordinación son los gobiernos, acelerando el gasto y/o la emisión monetaria. Lo anterior sucede, también la más de las veces, por perseguir determinados fines electorales. Desinflar no es fácil y mucho menos cuando las autoridades parecen creer realmente en la efectividad de la estrategia e instrumentos micro, y cuando las necesidades electorales del oficialismo parecen que prevalecen sobre cualquier otra consideración.
• Asimismo, los impuestos a las exportaciones no son nuevos en la Argentina y existe una gran cantidad de evidencia empírica y trabajos académicos (el pionero fue uno de Adolfo Sturzenegger sobre los años ‘70) que muestran que cada vez que los precios internacionales suben, se imponen retenciones o impuestos que reducen el incentivo a producir bienes exportables. En el largo plazo, esa reducción de la oferta puede tener efectos negativos sobre los precios internos de esos bienes. Desacoplar los precios internos de los productos exportables de los precios internacionales es claramente un desincentivo a las exportaciones. Puede servir en el cortísimo plazo, pero no es el camino aconsejable para lograr
un salto exportador, que es lo que Argentina necesita para superar de manera más sustentable la restricción de divisas. Lo mismo sucede, con iguales consecuencias, cuando se prohíben las ventas al exterior de productos como la carne u otros alimentos. Así sucedió con la prohibición de exportaciones de carne luego de que el expresidente Néstor Kirchner pronunciara la famosa frase “la carne es para los argentinos”.
• En síntesis, la apuesta de las autoridades económicas a que la “tranquilidad”cambiaria más los congelamientos de tarifas, los controles de precios y otras regulaciones (“acuerdos” de precios y prohibiciones de exportaciones) serán suficientes para controlar la inflación no logra anclar las expectativas. Incluso la relativa austeridad fiscal y monetaria de los primeros cinco meses del año luce
insuficiente producto de la baja credibilidad de las políticas y de las autoridades.
Lo anterior es particularmente cierto en un contexto en el que no hay convencimiento de que dicha austeridad se pueda y/o se quiera mantener en el futuro.