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DE ASUNTOS PÚBLICOS ARGENTINA

El Edicto de Precios Máximos

Corría el año 301 D.C en el Imperio Romano, gobernado por el Emperador Diocleciano, que llevaba 17 años en el poder y que había heredado una pesada herencia. En ese año, el Emperador, acuciado por una depreciación de la moneda por emisión excesiva debido a un forzado incremento del gasto público para solventar los gastos militares, emitió el Edictum De Pretiis Rerum Venalium (Edicto de Precios Máximos).

El edicto, que fue uno de los primeros controles de precios documentados de la historia, pretendía imponer un tope a los precios de más de mil productos, entre los que se encontraban alimentos, productos textiles, costos de transporte y salarios. Asimismo, se estableció la pena de muerte para los especuladores que incumplieran el edicto, a quienes se les acusaba de causar la inflación y se los ponía al mismo nivel de los bárbaros que amenazaban al imperio.

El edicto, no solo no tuvo efecto ya que continuó el alza de precios, sino que generó un rápido desabastecimiento de productos en todo el imperio, mientras continuaba la emisión monetaria descontrolada. Al momento en que Diocleciano renunció al trono, 4 años después, el edicto cayó en desuso, y la dinámica económica dentro del imperio quedó alterada, con ciudades que habían dejado de comerciar y habían vuelto al trueque y con salarios que habían perdido gran parte de su poder de compra.

La historia no se repite, pero rima. 1700 años después nos encontramos en un país con un Estado que estableció precios máximos desde marzo para un listado de productos alimenticios y hogareños, que tiene pisadas las tarifas de transporte y servicios públicos, y que, mientras tanto, emite 200.000 millones de pesos por mes o 9.000 millones por día para financiar el gasto público.

La continuación del programa de Precios Máximos, que se extendería hasta el 31 de diciembre, propone un nuevo desafío para las empresas participantes, ya que, si bien con cada renovación se autoriza un cierto aumento de precios, estos no llegan a cubrir el alza de costos que no están regulados. Por otra parte, el atraso tarifario, que ya lleva alrededor de un año y medio, ya empieza a mostrar sus consecuencias: esta semana, el Secretario de Energía de la Nación, Darío Martínez, anticipó que habrán cortes de luz en el verano por “exceso de demanda”.

La inflación suele ser un síntoma, no una enfermedad per se. Se la puede atacar de corto plazo con alguna medida o control, pero a la larga la falta de un programa económico consistente y creíble por parte del Gobierno dejará a las medidas sin efecto. El ritmo de emisión monetaria sin respaldo cada vez mayor aumenta el riesgo de dos variables: mayor inflación y desabastecimiento, en el caso de los bienes con precios controlados. El caso más evidente se observa con el dólar: un dólar con precio regulado es extremadamente escaso, mientras que un dólar sin control de precio, aumenta su precio prácticamente todos los días. Dos caras de una misma moneda.