El triunfo del Frente de Todos en las elecciones del pasado domingo marcan el final de la presidencia de Mauricio Macri, y el regreso del peronismo al poder el próximo 10 de diciembre de 2019. A lo largo de la campaña electoral, tanto oficialismo como oposición recurrieron al pasado, sea como el lugar al que Argentina debía evitar volver, o paraíso perdido que era preciso recuperar. Ahora bien, conocidos los resultados ¿implica esta victoria una mera restauración de los años kirchneristas, o se trata más bien de una nueva etapa política, diferente de las anteriores?

De guiarnos meramente por los nombres que ahora parecen orbitar el poder: Fernández, Kirchner, Manzur, Béliz, Ibarra, González García y otros, la tesis del regreso al kirchnerismo, más temprano o más tardío, parece confirmarse. Sin embargo hay tres factores que nos alejan de esta supuesta vuelta al pasado; a saber: el contexto internacional no es el mismo, el sistema de partidos parece hoy recuperado, y por último, Alberto no es ni Néstor, ni Cristina, es Alberto.

Al momento de asumir Néstor Kirchner la presidencia, aquel 25 de mayo de 2003, el país comenzaba a recuperarse de la crisis de 2001, gracias los altísimos precios internacionales de los commodities. Una bonanza que permitió al entonces presidente cancelar de forma anticipada la deuda del país con el FMI y así ganar independencia en el manejo de la política económica. En términos políticos, la implosión del radicalismo tras la caída de Fernando de la Rúa, y el vacío generado en el espacio opositor, restó competitividad electoral a las opciones partidarias no peronistas, atrofió el funcionamiento de los sistemas institucionales de pesos y contrapesos.

Hoy, no solamente nuestro protagonista será distinto de aquel de 2003, sino que ya no contará con los fastos de la bonanza sojera frente a una economía en crisis, estará obligado a negociar un programa económico consensuado con el FMI que garantice el pago de la deuda argentina y, por último pero tal vez más importante, contará con un espacio opositor bastante más consolidado que aquel que recibió Néstor Kirchner.

La historia no se repite pero rima, concluiría el autor norteamericano Mark Twain frente a esta combinación de fuerzas del pasado y del presente. Aún está por verse como será el mandato presidencial que iniciará Alberto Fernández el 10 de diciembre. Lo que es seguro es que no será la mera restauración de un pasado ya perdido. El mundo no es el mismo, la Argentina no es la misma y Alberto no es Néstor.

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