Tras la emisión del debate de candidatos para la jefatura de gobierno porteño en la noche de ayer, Argentina comienza un ciclo de debates públicos previo a las elecciones generales del 27 de octubre.

Si bien suelen ser criticados por tener escaso efecto sobre las opiniones del electorado, el debate público constituye una instancia importante para la información de la ciudadanía respecto a las propuestas de cada espacio político.

Además, la organización de estas emisiones especiales tiene otra virtud: da igual trato a todos los candidatos, sin importar su peso electoral. A modo de ejemplo, ayer Horacio Rodríguez Larreta y Gabriel Solano gozaron de la misma cantidad de tiempo para hablar, a pesar de haber cosechado el 46,33% de los votos el primero, y el segundo no haber superado el 5%.

El de ayer se trató del primer debate para la jefatura de gobierno, previsto por la reforma de la Ley Electoral de la Ciudad, aprobada en octubre de 2018. Se trató de una primera experiencia muy valorable, aunque no por ello exenta de puntos a mejorar. Entre estos últimos se podría mencionar la excesiva cantidad de periodistas moderadores, que siendo 8 duplicaron a la cantidad de candidatos. También el formato rígidamente estructurado del debate entre contendientes redujo la espontaneidad y libertad del intercambio.

A pesar de esto, el formato del debate no debería ser una sorpresa, ya que es la respuesta natural de candidatos y partidos a una practica relativamente nueva. En efecto, si bien desde aquel histórico debate por la cuestión del Beagle en 1984 entre el Canciller Dante Caputo y el senador Vicente Saadi, hubo otras discusiones televisadas entre candidatos, la mayoría quedó librada a la organización de emisoras privadas, y fueron más la excepción que la regla.

Si bien suelen ser criticados, el debate público constituye una instancia importante para la información de la ciudadanía respecto a las propuestas de cada espacio político.

Hoy, tras la experiencia de los debates presidenciales de 2015, un nuevo marco normativo ha establecido la obligatoriedad de esta práctica previo a la realización de elecciones presidenciales. Así en los próximos 15 días Mauricio Macri y Alberto Fernández se cruzarán en vivo en dos ocasiones. Paradojas de los procesos electorales argentinos, que pasan de la ausencia total de debate a realizar dos en apenas dos semanas.

Más allá de los los argumentos y propuestas que resonaron y resonarán en los debates entre candidatos, la Historia los termina resumiéndolos en imágenes. La cara sudorosa de Nixon, George Bush mirando impaciente su reloj, la silla vacía de Menem, o el beso de Mauricio Macri y Juliana Awada. ¿Qué foto dejará el debate presidencial del próximo domingo?

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