Situación de difícil, de imposible resolución o en la que no se produce ningún avance. Así define la Real Academia Española la palabra impasse, un concepto que bien puede caracterizar la situación en la que se encuentra la Argentina tras las elecciones primarias del 11 de agosto.

Inestabilidad cambiaria y financiera, cambios de gabinete, incertidumbre política y una deuda externa que pende sobre el país como una espada de Damocles, son algunos de los temas que han acaparado la atención de la opinión pública desde hace tres semanas. Un lapso de tiempo en el que no han faltado comparaciones con coyunturas históricas de tiempos pasados, como la salida anticipada de Raúl Alfonsín del poder en 1989, la caída de De la Rúa en 2001 y la sucesión de Fernando Henrique Cardoso por Lula da Silva, en aquel Brasil del 2002.

El gobierno de Mauricio Macri está hoy a la deriva. Su plan económico colapsó el lunes 12 de agosto, cuando el aplastante resultado electoral hizo que el dólar rompiera su techo, en una asfixiante corrida contra el peso que apalancará la inflación y liquidará cualquiera de los supuestos brotes verdes que el gobierno esperaba ver más avanzado el segundo semestre. Con el correr de los días y algunas medidas económicas mediante, el propio ministro Nicolás Dujovne fue desplazado del cargo y reemplazado por Hernán Lacunza, quien no tardó el recibir el pésame de Guillermo Nielsen luego de que se conociera su súbito ascenso.

Sin embargo, a pesar del revés en las urnas y reconfortado por las marchas en su apoyo del domingo pasado, el presidente Macri parece resuelto a continuar con su sueño de un segundo mandato, incluso si esto supone enfrentarse al desgaste diario que este impasse traerá a su administración, ahora embarcada en una reperfilación de la deuda pública a corto plazo.

El gobierno de Mauricio Macri está hoy a la deriva. Su plan económico colapsó el lunes 12 de agosto

101 son los días que nos separan del 10 de diciembre, y 101 serán los días que dure el impasse. Un gobierno derrotado en las PASO, a la deriva económica y sin un programa claro, tiene el desafío de conducir los destinos del país con la doble función de administrar y buscar la reelección. Frente a él, una oposición triunfante aunque todavía no electa, que se legitima como interlocutor de lo que vendrá. Por último están los argentinos que, una vez más, quedan a merced de la impericia de sus elites políticas.

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