Al que le gusta el fútbol lo entenderá. “La pelota está llorando” predica un relator del fútbol argentino en sus comentarios cuando la pelota va a de un lado al otro de la cancha, sin que uno de los equipos la controle, la ponga al piso y de al menos dos pases seguidos.

Por estas horas, Argentina también está llorando. Desde el domingo pasado, fecha de las PASO, nuestro país pareció entrar en un túnel sin mucha luz. Las campañas electorales de los dos principales espacios políticos nacionales (si los medimos por la cantidad de votos que obtuvieron en la elección), fueron una cosa. La puesta en escena ya con los números conocidos (por ellos, no por la gente), el propio domingo, fue otra cosa muy distinta.

A partir de dichos comicios, volvimos a la historia de siempre, o al menos de los últimos años. Si el ganador era uno, el USD se disparaba. Si el ganador era otro, la moneda americana se mantenía relativamente estable. Y ahí empieza todo de nuevo. Independientemente del impacto del resultado, y de los efectos que este trajo en la economía y sobre todo en la realidad social argentina, la política en general, y su dirigencia en particular, nuevamente no estuvieron a la altura de las circunstancias.

El presidente de la Nación, tuvo una versión el domingo y lunes y una muy distinta el martes. La oposición, reaccionó de diversas maneras. Alternativa Federal suspendió su campaña; el Frente de Todos, ganador absoluto de las elecciones, tuvo en su principal candidato a un vocero que intentó llevar tranquilidad a pesar de tener que seguir explicando lo que sus “compañeros” de espacio dijeron o hicieron en otro momento. Paradojas de un país que no es ajeno a la personalización de la política como describe María Esperanza Casullo en esta
columna.

Pero en las últimas horas, la calma no primó. Todo lo contrario. A las medidas que el gobierno anunció, de corte populista según algunos, se sumaron renovados rumores de cambios de gabinete nacional. Declaraciones de ministros foráneos “amenazando” que pasaría con el Mercosur, si el Frente de Todos termina reafirmando en octubre lo que acaba de ocurrir hace un par de días. Un evento internacional que reúne al “círculo rojo”, ya clásico en Buenos Aires, que anunció su cancelación por “por cuestiones de agenda de los principales candidatos
nacionales”. Declaraciones periodísticas, tapas de revistas, y varias operaciones de prensa sin
mucho asidero.

Sin duda alguna esta PASO nos deja algunas enseñanzas. Entre ellas, qué sucede cuando no hay competencia interna tal cual pregona su sigla. Qué sucede cuando las encuestas anunciaban una cosa, y termina aconteciendo algo totalmente distinto. Cómo continúa gobernado un gobierno, al cual todavía le quedan meses de gestión y debe enfrentar una nueva elección que es definitiva. Cómo debe comportarse la oposición que ganó una elección
por buena diferencia, pero todavía no tiene legitimidad de origen.

Los resultados del domingo generaron un impacto que aún desconocemos dónde y cómo puede terminar. Pero vale la pena un simple reminder. El domingo votamos, porque vivimos en democracia. Con sus errores y virtudes, democracia al fin. Como en el fútbol, hay ganadores y perdedores; pero también hay revancha, aunque a veces sea desgastante tener elecciones cada dos años.

Quizás sea momento de parar la pelota y mirar, porque la ciudadanía en este momento está diciendo a gritos como aquel relator, “la pelota está llorando”

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