En una semana corta, marcada por los festejos de un nuevo aniversario de la independencia del país, se largó oficialmente la carrera hacia las primarias del 11 de agosto. Faltando menos de un mes, los spots publicitarios comienzan a invadir los medios de comunicación y redes sociales, los partidos políticos organizan actos, los candidatos hacen declaraciones y compran mandarinas.

Sin embargo las PASO edición 2019 no dejan de ser controversiales, ya que a las habituales críticas por su costo económico, se les suma ahora el hecho de que las mismas habrían perdido su razón de ser. En efecto, dado que los frentes han evitado las internas armado listas de unidad y lo han hecho en negociaciones políticas a puertas cerradas, las elecciones han perdido su carácter de primarias abiertas, por lo que solo serán comicios simultáneos y obligatorios.

En este contexto vale preguntarse entonces, ¿qué impacto real tendrán las PASO en el proceso electoral del año? Si bien es cierto que las mismas parecen haber perdido su objetivo original, no por eso dejan de repercutir en la forma en que se organiza la demanda y la oferta electoral; a saber los electores y los partidos políticos.

Por el lado de la oferta, si bien es cierto que a diferencia de 2015 este año no habrá competencia interna en las categorías de presidente y gobernador, sí la habrá en algunos casos en las candidaturas a legisladores. Así será por ejemplo en la lista de Consenso Federal de la Ciudad de Buenos Aires, donde la boleta que lleva a Marco Lavagna, hijo de Roberto, como diputado nacional y a Matías Tombolini a Jefe de Gobierno, enfrentará una interna contra una alternativa encabezada por Carlos Campolongo como primer diputado, con candidatos que responden a Margarita Stolbizer y Luis Barrionuevo.

Asimismo, las PASO reducirán la oferta partidaria que los electores podrán elegir en las elecciones generales de octubre. En efecto, la legislación nacional prevé que aquellos partidos que obtengan menos del 1,5 % de los votos válidamente emitidos el 11 de agosto, quedan fuera de la carrera. Así, de darse los resultados de la encuesta de Management&Fit de Julio, de los diez espacios que presentan candidatos a presidente, cuatro quedarán afuera y otro en la cuerda floja. El Movimiento al Socialismo de Manuela Castañeira, el Frente Patriota de Biondini, el Partido Autonomista Nacional y Acción Vecinal no pasarían la prueba, mientras que el Frente Nos, de Gómez Centurión, no es seguro que vaya a superar la barrera del 1,5%.

Es así como para octubre, la oferta partidaria podría reducirse a la mitad, de la mano del Frente de Todos (39,9%), Juntos por el Cambio (38,2%), Consenso Federal (6,9%), el frente de José Luis Espert (4,7%) y la Izquierda Unida (1,5%).

Del lado de la demanda, es decir, de los electores, las PASO volverán a ser una gran y fidedigna encuesta, que permitirá ponderar el caudal de votos real de cada fuerza. Con casi el 80% de los votos concentrados en las dos principales fórmulas, podemos anticipar que se conformará uno de los escenarios más polarizados desde el regreso de la democracia. De cara a octubre, la desaparición de la mitad de la oferta electoral obligará a muchos electores a buscar un nuevo frente al cual votar. Además, a la luz de los resultados de agosto, podría darse un reacomodo de algunos votos que vayan a los Fernández o a Mauricio Macri, sea para evitar la reelección de uno o para evitar el regreso de los otros. Este voto estratégico podría acercar a uno de los dos al 45%,  la cantidad necesaria para ganar sin recurrir a un balotaje. Si esto sucediera, las PASO se habrían convertido en una primera vuelta.

A la luz de estos comentarios resuenan las eternas enseñanzas del politólogo italiano Giovanni Sartori (1924 – 2017): los sistemas electorales, entendidos como un proceso institucional de agregación de demandas de la ciudadanía, nunca multiplican la oferta partidaria, siempre la reducen.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *