Corrían los años de su prolongado exilio, cuando en una de las tantas entrevistas que realizó desde su residencia madrileña en Puerta de Hierro, a Juan Domingo Perón se le preguntó por la composición del sistema partidario argentino. El general miró a su entrevistador y contestó que en la Argentina un 25% de los votantes eran conservadores y otros tantos eran radicales, socialistas y comunistas. Perplejo, su interlocutor inquirió por el lugar que ocupaba el peronismo en esta disposición, a lo cual el viejo caudillo respondió “¡Ah no, peronistas son todos!”.

Miguel Ángel Pichetto y Mauricio Macri en la primera foto de la fórmula presidencial.

A 45 años de la muerte del fundador del movimiento, aquella frase volvió a interpelar esta semana a periodistas y analistas políticos por igual. Sucede que de cara a las elecciones de octubre, las tres principales fuerzas contendientes tienen, todas, cierto ADN peronista en su composición. Fue quizá Cristina Kirchner quien comenzó con esta alquimia, reconciliándose primero con el aparato institucional del Partido Justicialista dirigido por José Luis Gioja, y con parte del movimiento obrero organizado, como se conoció ayer en la foto que compartió con Hugo Moyano y Roberto Baradel.

Le siguió luego el propio Mauricio Macri, quien una vez más hizo gala de su pragmatismo, dejando apolillarse el libro amarillo de Jaime Durán Barba y el purismo por muchos años defendido, para ofrecerle a Miguel Ángel Pichetto la candidatura a la vicepresidencia.

Por último y para no ser menos, el candidato del consenso, Roberto Lavagna, hizo lo propio con el salteño Juan Manuel Urtubey, quién finalmente acompañará al exministro en su carrera por la presidencia.

De cara a las elecciones de octubre, las tres principales fuerzas contendientes tienen, todas, cierto ADN peronista en su composición.

Curiosamente, al elegir como compañeros de fórmula a figuras con escaso caudal de votos pero probada capacidad negociadora, tanto Cristina como Mauricio parecen estar siguiendo los preceptos de Emilio Monzó, presidente de la Cámara de Diputados, y reivindicador de la rosca.

Sin embargo ha sido el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, quien más voluntades sumó a la causa de su reelección esta semana. Acostumbrado a las obras faraónicas, incorporó a Martín Lousteau, el oficialista díscolo, como candidato a senador por la Ciudad, y persuadió al socialismo Roy Cortina de unirse a su lucha por la liberación.

Habiéndose cerrado las alianzas el pasado miércoles y a días del cierre de listas, el tablero político se va despejando y las encuestadoras se precipitan a medir el estado de la opinión pública, tras el torbellino de novedades de esta semana. Por ahora solo podemos constatar que, tras el anuncio de la fórmula Macri – Pichetto, el dólar bajó un peso, las acciones y bonos argentinos subieron y el riego país descendió. Parece que, después de todo, los mercados también son peronistas.

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