Tras la decisión de Cristina Fernández de Kirchner de declinar a su candidatura por la presidencia, el tablero político argentino atraviesa momentos de definiciones y reacomodamiento de piezas. Cada día cuenta de cara a dos fechas clave: el 12 de junio, cuando cierra la inscripción de alianzas electorales, y el 22 del mismo mes, cuando vence el plazo para la presentación de listas de candidatos para las PASO.

De esta manera, en la última semana hemos presenciado toda clase de movimientos. El lunes los radicales celebraron su muy postergada convención, donde resolvieron preservar su alianza con PRO y la Coalición Cívica, no sin antes hacer un llamado a ampliar la coalición. Al día siguiente, el martes, los misterios de este año electoral continuaron develándose, con el lanzamiento de la fórmula Axel Kicillof y Verónica Magario, para la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Por último, el miércoles la CGT llevó a cabo un nuevo paro general contra el gobierno, que ya acumula cinco desde diciembre de 2015.

En esta escena que parece no dar respiro, todas las miradas de posan sobre Sergio Massa. El jueves el tigrense reunió a su tropa en Parque Norte, donde los renovadores llamaron oficialmente a iniciar negociaciones para lograr un amplio acuerdo con la oposición. Una amplitud que llegaría de la mano de una alianza con el kirchnerismo, posiblemente dejando de lado el espacio Alternativa Federal, del cual el propio Massa fue cofundador en septiembre pasado, junto a Juan Schiaretti, Miguel Ángel Pichetto y Juan Manuel Urtubey.

Sin embargo, el margen de maniobra de líder del Frente Renovador es estrecho y cada día que pasa se acota aún más. Habiendo esperado convertirse en depositario de los votos de Cristina, en la ciega convicción de que ella no integraría la fórmula presidencial, el reciente lanzamiento de los Fernández y la dupla Kicilloff – Magario, parecen dejar a Sergio Massa con pocos cargos para negociar. ¿Se resignará a ser un sparring en una PASO con el kirchnerismo o irá como primer candidato a diputado de la provincia de Buenos Aires por ese espacio?

Esta situación de ambivalencia y falta de certezas, tanto para sus socios de Alternativa Federal como para sus potenciales electores, han expuesto al tigrense ante la opinión pública. En efecto, en los últimos días Massa ha quedado reflejado en los medios como un líder con discursos diferentes, contradictorios y con una disposición a sacar ventaja en un escenario que se muestra indefinido.

En esta escena que parece no dar respiro, todas las miradas de posan sobre Sergio Massa. ¿Se resignará a ser un sparring en una PASO con el kirchnerismo o irá como primer candidato a diputado de la provincia de Buenos Aires por ese espacio?

Mientras tanto Mauricio Macri, que viene de atravesar una semana de estabilidad cambiaria y fuertes subas en el precios de commodities como la soja y el maiz, se ha mostrado tres veces públicamente con el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. El candidato de Alternativa Federal cultiva un perfil similar al del propio Macri, aunque viene muy rezagado en las encuestas. Por eso, en los últimos días se ha especulado con la posibilidad de que el salteño se convierta en el nuevo compañero de fórmula del presidente, o que desde Cambiemos se busque lograr un apoyo hacia el balotaje o sumar peronistas alternativos en un eventual segundo gobierno.

Resulta paradójico cómo la decisión de Cristina Fernández de ir por la vicepresidencia puso al peronismo no kirchnerista en el centro de la escena política, aunque no por las mejores rezones. Desde aquel sábado en que se anunció la decisión de la expresidenta, el espacio fundado por Schiaretti, Massa, Urtubey y Pichetto zozobra, y la candidatura de Roberto Lavagna parece perder consistencia. ¿Cuántas sorpresas más nos traerán estos tiempos de definiciones de cara al 12 y 22 de junio?

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