Por estas horas, la noticia de que el gobierno nacional negocia un acuerdo de 10 puntos con la oposición no kirchnerista, ocupa un lugar destacado en la prensa argentina. En efecto, desde avanzada la tarde del día de ayer, circula información de que el presidente Macri busca lograr que el peronismo firme un compromiso de políticas que considera fundamentales para garantizar tanto la confianza de los mercados, como la estabilidad de indicadores clave de la economía, sea el dólar o el riesgo país.

El presidente Mauricio Macri y Miguel Ángel Pichetto en la Casa Rosada (2017).

De esta manera, el borrador que el oficialismo negocia con Miguel Ángel Pichetto, Juan Manuel Urtubey y Sergio Massa, pareciera combinar estabilidad institucional y una agenda de futuras reformas. Así, el respeto a la ley, los contratos y los derechos adquiridos, la transparencia de las estadísticas oficiales y el cumplimiento del pago de la deuda pública, conviven con acuerdos marco para lograr un sistema previsional sostenible, una legislación laboral moderna, y una reducción de la presión impositiva.

Resulta paradójico que el gobierno busque un pacto de estas características ahora que transita los meses previos a las elecciones generales de octubre y luego de haber rechazado, en 2016, los llamados de Pichetto para concretar un Acuerdo del Bicentenario. La coyuntura desnuda el pragmatismo de Macri en su larga marcha por la reelección.

El objetivo que parece perseguir Cambiemos con este instrumento es enviar mensajes a los mercados y a los propios argentinos. En la esfera internacional, busca cerrar filas con sus opositores moderados, y dar señales de certidumbre sobre el futuro del país, para así lograr estabilidad financiera de aquí a octubre. En el plano doméstico, la intención sería aislar al kirchnerismo como una opción política radicalizada y poco confiable.

Sucede que en estas últimas semanas el fantasma del regreso de Cristina Kirchner, alertado por una encuesta de Isonomía, generó pánico en inversores extranjeros, e hizo tambalear a Cambiemos, hundiendo al peso y disparando el riesgo país. Además, la exmandataria se encamina a romper su prolongado silencio público el próximo 9 de mayo, cuando presente su libro Sinceramente.

Resulta paradójico que el gobierno busque un pacto de estas características ahora que transita los meses previos a las elecciones generales de octubre. La coyuntura desnuda el pragmatismo de Macri en su larga marcha por la reelección.

A pesar de esto, el remedio elegido por la administración Macri podría convertirse en un arma de doble filo. La negativa de la principal candidata opositora a firmar el acuerdo, ¿disminuirá o aumentará la incertidumbre de lo que pasaría si Cristina Kirchner gana la presidencia? Por otro lado cabe preguntarse, qué posición adoptará Sergio Massa, que opera para ganarse el electorado afín al kirchnerismo, convencido de que la expresidenta finalmente desistirá de su postulación.  Por último, ¿en qué posición quedará el gobierno si fracasa en lograr el consenso de sus opositores? Ya Roberto Lavagna, quien no fue convocado por la Casa Rosada, rechazó la propuesta de Cambiemos alegando que la misma no funcionaría.

Resta entonces guardar una última precaución si este acuerdo efectivamente se firma. Nada garantiza su cumplimiento, ya que la tinta del papel pronto puede convertirse en letra muerta. Como aconsejaba Maquiavelo “un príncipe prudente no debe observar la fe jurada cuando semejante observancia vaya en contra de sus intereses y cuando hayan desaparecido las razones que le hicieron prometer.”

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