Desde el 10 de diciembre de 2015 Argentina transita una singularidad poco explorada en la historia institucional del país, y ésta es que el Poder Ejecutivo sea ejercido por una coalición de diferentes partidos políticos. En efecto, desde la restauración democrática en 1983, es la segunda vez que se da una situación semejante. La primera fue la breve y frustrada gestión de la Alianza, entre 1999 y 2001.

Gerardo Morales, gobernador de Jujuy, y Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza y presidente de la UCR.

Sin duda el formato coalicional constituye una rareza en el sistema presidencialista argentino. A pesar de ello, Cambiemos como alianza gobernante presenta un funcionamiento particular, ya que la función ejecutiva es controlada fundamentalmente por el partido del presidente, el PRO, mientras que los demás socios, la Unión Cívica Radical (UCR) y la Coalición Cívica (CC) parecen relegados a la arena legislativa. En efecto, luego de haber controlado cuatro ministerios en 2015 (Agroindustria, Comunicaciones, Defensa, y la Unidad Plan Belgrano), hoy solamente Defensa permanece en manos del partido de Yrigoyen.

Fue tal vez Elisa Carrió quien mejor definió el actual esquema de gobierno, cuando durante una entrevista con Marcelo Bonelli en A Dos Voces aseveró que Cambiemos “es un presidencialismo con coalición parlamentaria”. En definitiva, la diputada reforzaba la idea de propia Casa Rosada: PRO conduce, los demás acompañan.

A pesar de esto, los descontentos dentro de Cambiemos, particularmente en el radicalismo, lograron ser contenidos en la medida que la alianza garantizaba resultados electorales que se traducían en más posiciones de poder para la UCR (intendencias, gobernaciones, y legisladores de todos los niveles). Sin embargo, de cara a las elecciones de 2019 y en un contexto económico recesivo que ha golpeado al propio electorado de Cambiemos, se oyen expresiones de rebeldía en los comités radicales.

La ruptura del Frente Cambiemos en Córdoba, las diferencias por la unificación o desdoblamiento de las elecciones en provincias controladas por la alianza, los planteos de los correligionarios para hacer una primaria presidencial dentro de la coalición, y una Casa Rosada que se desentendió de apoyar a sus candidatos (radicales) en las elecciones para gobernador de Neuquén y Río Negro, constituyen algunos ejemplos destacados de estas pujas internas.

A esto se agregan los coqueteos entre un sector del radicalismo y Roberto Lavagna, quien se esmera en convocarlos para el armado de su frente de unidad nacional. En términos ideológicos es evidente que una porción de la UCR, fiel al ideario socialdemócrata alfonsinista, no se siente cómoda dentro de Cambiemos, más afín a la orientación de Eduardo Angeloz primero, y Fernando De la Rúa después.

“Cambiemos es un presidencialismo con coalición parlamentaria” así lo definió la diputada Elisa Carrió.

Más allá de sus ambiciones de construcción de poder para el futuro, Macri sabe que hoy necesita el apoyo del radicalismo, y la preservación de su coalición con la CC. Sin duda, la unificación de los principales partidos del electorado no peronista, identificado con la UCR antes de la caída de De la Rúa y el hundimiento de su partido, fue fundamental para lograr su llegada a la presidencia en 2015.

Por ello, temiendo que el descontento se transforme en ruptura, Mauricio Macri ha ofrecido la candidatura vicepresidencial a sus socios radicales, y en la noche de ayer un puñado de dirigentes del PRO y de la UCR, como la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, el jefe de Gabinete Marcos Peña, el ministro del Interior Rogelio Frigerio, el gobernador de Mendoza y presidente de la UCR Alfredo Cornejo, y el mandatario de Jujuy Gerardo Morales, compartieron una cena donde se cristalizó la nueva mesa política con la que Cambiemos busca fortalecerse de cara a las próximas elecciones presidenciales.

Así las cosas, Cambiemos se encamina a ser el primer gobierno no peronista en terminar su mandato desde 1928, y la primera coalición de la historia en democracia restaurada en lograr la misma proeza. De cara a octubre, la alianza tiene como desafío preservar su unidad y garantizar su reelección. Mientras el costo que deba pagar la UCR por abandonar Cambiemos sea mayor que el de permanecer dentro de ella, es de prever que la coalición sobrevivirá. Paradójicamente para Macri, la clave de su reelección podría estar en control de los socios que tanto relegó.

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