En la tarde de ayer la publicación de las cifras de pobreza de la Argentina por parte del INDEC, marcó el punto culminante luego de una seguidilla de datos que el instituto nacional de estadísticas dio a conocer a lo largo de las últimas semanas. Fue primero el turno del PBI 2018, que cerró con una contracción del 2,6% anual. Luego siguió la inflación, que tras haber alcanzado un 2,9% en enero, trepó a 3,8% en febrero, acumulando ya un 6,7% en lo que va del año. Por último, ayer se conoció que el 32% de los argentinos cayó bajo la línea de pobreza en el segundo semestre del año anterior (unos 14,3 millones de personas).

La crudeza de las cifras contrasta con los dichos de aquel Mauricio Macri de 2015, que en plena campaña por la presidencia recorría enérgicamente barrios y programas de televisión, jactándose de lo fácil que sería eliminar la inflación, y prometiendo un país con pobreza cero. Hoy, cuatro años después, el hechizo proselitista se ha disuelto, y el desencanto aflora entre los votantes de Cambiemos.

Frente a esto, el gobierno ha buscado generar una épica de su propia crisis, proclamando en recientes spots que “estamos haciendo lo que hay que hacer” y que “juntos estamos cambiando en serio”. El mensaje busca darle una sazón refundacional a la recesión, generando la idea de que ésta vez será diferente, que ésta vez será la última. Casi como si la crisis actual se tratase de un purgatorio por el que es necesario pasar para alcanzar la Argentina prometida en 2015. Se trata en definitiva de un efecto búmeran, donde el comando de campaña de Cambiemos ha tomado su coyuntura crítica para convertirla en virtud. El éxito de esta estrategia aún está por verse.

Mientras tanto la política económica presidente Macri parece reducida a una sola preocupación: evitar a toda costa una estampida cambiaria contra el peso. Todas las esperanzas están puestas en el próximo 15 de abril cuando, de aprobarlo el Directorio Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional, el país recibirá un desembolso de u$s 10.870 millones, y el tesoro comenzará a subastar u$s 60 millones diarios para evitar grandes fluctuaciones del tipo de cambio.

Hoy, cuatro años después, el hechizo proselitista se ha disuelto, y el desencanto aflora entre los votantes de Cambiemos.

Desde el campo opositor, Cristina Kirchner hace suya una frase que la Historia atribuye a Napoleón: “mientras tu enemigo se equivoca, no lo distraigas”. En efecto la expresidenta guarda silencio, aunque es difícil determinar qué tanto se debe esto a su agudeza bonapartista, o a la combinación del estado de salud de su hija, y al amplio frente judicial que tiene abierto. De una forma o de la otra, la expresidenta calla, y encuentra en Twitter la única forma de comunicación con sus seguidores.

El factor Cristina juega un lugar paradójico en los cálculos de Cambiemos. Por un lado, su postulación para la presidencia es un factor clave en los cálculos electorales del gobierno para lograr la reelección de Mauricio Macri. Por otro, el fantasma del regreso del kirchnerismo al poder genera incertidumbre tanto en la población, como en los mercados extranjeros, y esta falta de certezas tiene su principal termómetro en la inestabilidad cambiaria.

Así se configura el laberinto que encierra hoy al presidente Macri. Está obligado a reeditar el escenario de las elecciones legislativas de 2017, cuando a pesar de la inquietud de los mercados, Cambiemos logró derrotar la kirchnerismo. Sin embargo, una variable clave parece dificultar esta reedición, mientras en 2017 la economía se encontraba en expansión y parecían visualizarse los brotes verdes, el 2019 se inicia con una economía en recesión.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *