Introducción: La Cuarta Revolución Industrial y las Nuevas Tecnologías Disruptivas

El mundo está comenzando a atravesar un proceso de transformaciones significativas como pocas veces lo hizo en la historia. La aparición de nuevas tecnologías, entre las que podríamos contar a la inteligencia artificial, Internet de las cosas, el desarrollo de sensores, y la impresión 3D, prometen traer aparejados profundos cambios en las economías y sociedades contemporáneas (Schwab, 2017).

Resulta innegable que la tecnología tiene un poder trasformador sobre la producción de bienes y servicios, así como sobre la forma de hacer negocios. Desde hace más de 250 años, cuando comenzó la Primera Revolución Industrial, impulsada por innovaciones como la máquina a vapor, la economía global ha crecido exponencialmente, impulsada por una serie de avances tecnológicos. Cada Revolución fue acompañada por una marea de nuevas tecnologías que incrementaron la productividad, y el crecimiento (McKinsey Global Institute, 2013).

De esta manera, la Primera Revolución Industrial, iniciada a finales del siglo XVIII, fue sucedida por una segunda a fines del siglo XIX, con la aparición de la electricidad, la línea de montaje, y la producción en masa; y una tercera, a partir de la década de 1970, con los inicios de la electrónica, las computadoras, y la automatización.

El gráfico muestra la evolución del PBI per cápita global en miles de dólares (U$S) a lo largo de los años. Desde la primera Revolución Industrial el mundo ha experimentado un aumento del crecimiento económico sin precedentes, impulsado por la innovación.Fuente: Angus Maddison, “Statistics on world population, GDP and per capita GDP, 1–2008 AD,” the Maddison Project database; McKinsey Global Institute analysis

La revolución que enfrentamos hoy en día, la cuarta, se caracteriza por tres aspectos. En primer lugar el ritmo de la innovación tecnológica parecería ser mucho más rápido que en las anteriores. Luego, como la mayoría de estos desarrollos apenas está comenzando, los mismos eran casi desconocidos hace tan solo diez años. Por último, la mayoría de estas nuevas tecnologías son consideradas como Tecnologías de Propósito General (TPG), lo que significa que pueden ser aplicadas en una amplia gama de sectores y funcionalidades, por lo que tienen grandes impactos sobre la economía en su conjunto (Albrieu & Rapetti, 2018).

En este contexto el éxito, tanto de las empresas como de los países, estará determinado por su adaptación al nuevo escenario, su capacidad de desarrollo e innovación tecnológica, y su destreza para hacer frente a los desafíos que significa la Cuarta Revolución Industrial y el futuro del empleo.

Por ello, desde LLORENTE&CUENCA hemos elaborado este informe con el objetivo de contribuir al fortalecimiento de la capacidad de adaptación y respuesta del sector corporativo argentino a los desafíos de un mañana cada vez más cercano. De esta manera, el presente documento busca identificar qué tecnologías tendrán mayor impacto en tres sectores clave para la economía Argentina de 2030. Estos son el financiero, el agroindustrial, y el energético.

 

1.Impacto de las nuevas tecnologías en el sector energético

Considerando el ritmo de crecimiento de la población, y los niveles de vida cada vez más altos, el mundo va a necesitar más energía para abastecer a hogares, sectores productivos, y medios de transporte, por lo que se estima que la demanda global de energía probablemente se doblará para 2050, respecto al nivel del año 2000. Al mismo tiempo, la comunidad internacional y la sociedad civil reclaman hacer frente al cambio climático debido a las emisiones de dióxido de carbono. De esta manera en los próximos años el sector se enfrentará a este doble desafío: aumentar el abastecimiento de energía, y avanzar hacia la sostenibilidad.

 

1.1 Gas y petróleo no convencionales 

Gracias al desarrollo de tecnologías para la perforación horizontal y la fractura hidráulica (fracking), se ha abierto la posibilidad de explotar reservas no convencionales de gas natural  y petróleo atrapado en formaciones rocosas (shale). Estas nuevas técnicas traen aparejado el  descubrimiento de nuevas reservas, y la continuidad en la explotación de yacimientos que con las tecnologías anteriores estaban próximos al final de su vida útil (McKinsey Global Institute, 2013). Tales innovaciones tendrán un gran impacto en el sector durante la próxima década, especialmente en la Argentina que, junto con los Estados Unidos, China, Australia, y Europa, son las cinco regiones del mundo con potencial para producir combustibles no convencionales en grandes cantidades para 2025 (McKinsey Global Institute, 2013).

En este sentido la formación Vaca Muerta, cuyos 30 mil kilómetros cuadrados son compartidos por las provincias de Neuquén, Río Negro, Mendoza, y La Pampa, constituye el principal yacimiento de gas y petróleo no convencional del país. Su explotación, sin embargo, ofrece tantas oportunidades como desafíos. La formación promete ser la respuesta a la crisis energética argentina, y una fuente de divisas equiparable a las generadas por el complejo agroindustrial. A pesar de ello, su aprovechamiento obliga al desarrollo de nuevas infraestructuras para que los recursos extraídos puedan ser comercializados en el mercado interno y externo, y afrontar altos costos operativos. En vistas a esta segunda problemática, en enero de 2017 el gobierno nacional logró una adenda al convenio de trabajo del sector petrolero, específicamente para la explotación de yacimientos  no convencionales, que crea un marco para, a costa de beneficios resignados por los sindicatos, preservar el empleo y atraer nuevas inversiones en el sector.

Por otro lado, los riesgos medioambientales de los hidrocarburos no convencionales implicarán lidiar de manera permanente con el accionar de grupos ecologistas, comunidades de pueblos originarios, y la presión regulatoria sobre todos los niveles de gobierno. De hecho, en octubre de 2018 un derrame de petróleo en un pozo operado por YPF en Neuquén, tuvo duras consecuencias para la empresa, ya que el gobierno provincial suspendió su licencia ambiental para operar en la explotación Bandurria Sur, se fijó una multa millonaria de $32.936.690 de pesos, y la organización ecologista Greepeace denunció penalmente a YPF, junto con la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos), y comunidades mapuches.

 

1.2 Energías Renovables

Por definición, las energías renovables son aquellas generadas a partir de una fuente en continua regeneración, como el sol, los vientos, las aguas, o el poder termal. La explotación de estas nuevas energías es impulsada por dos factores: la necesidad de hacer frente a una creciente demanda energética, dado el crecimiento económico mundial y la ampliación de las clases medias, y la necesidad de mitigar la degradación medioambiental y el cambio climático. En este sentido, si bien por mucho tiempo sus elevados costos dificultaban la generación de energía renovable, el desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas al sector ha permitido reducir la brecha de costos con respecto a los combustibles fósiles.

La Argentina ofrece inmejorables condiciones naturales  para el desarrollo de energías renovables, destacándose la eólica en la Patagonia, y la solar en el Noroeste.  Además, un nuevo marco normativo, surgido de la ley 27.191/2015 y decreto 531/2016, no solamente ofrece condiciones muy favorables para la inversión en el sector, sino que busca aumentar la participación de estas energías en la matriz nacional, llevándola del 1,8% en 2016 a 8% en 2018, y 20% para 2025 (PwC Argentina, 2017)

El mundo está comenzando a atravesar un proceso de transformaciones significativas como pocas veces lo hizo en la historia. La aparición de nuevas tecnologías promete traer aparejados profundos cambios en las economías y sociedades contemporáneas

En mayo de 2016, el Presidente Mauricio Macri lanzó el Plan RenovAr, una iniciativa a diez años para atraer inversiones de US$ 15.000 millones en energías renovables. Una herramienta clave aquí son las licitaciones públicas periódicas a través de las cuales las empresas presentan sus proyectos de inversión. La primera de estas licitaciones, realizada en el segundo semestre de aquel año, se destacó por la elevada participación de proyectos de energía eólica y fotovoltaica (22 y 24), seguidas de lejos por los proyectos de biogas, biomasa, y pequeños aprovechamientos hidráulicos (PwC Argentina, 2017).

 

1.3 Almacenamiento de Energía

Por definición, el almacenamiento permite generar un stock de energía para que esta pueda ser reconvertida posteriormente en electricidad. Hasta ahora, la forma más difundida de lograr esto es a partir del uso de baterías,  sin embargo, en los años por venir el desarrollo de las baterías de litio, cuya capacidad podría duplicarse en 10 o 15 años, permitirá no solamente el funcionamiento de dispositivos portátiles de uso masivo, como celulares, computadoras y tablets, sino también motorizará los nuevos vehículos eléctricos e híbridos.

Se estima que en la próxima década los vehículos a batería podrían alcanzar costos competitivos frente a aquellos con motores de combustión interna, ahorrando energía y reduciendo las emisiones de dióxido de carbono. Además el almacenamiento de energía para el abastecimiento eléctrico permitirá  proveer de electricidad a áreas y comunidades donde el cableado o una fuente de electricidad no están disponibles. Así, la incorporación de capacidad de almacenamiento en las redes de distribución eléctrica constituye un complemento imprescindible para el crecimiento de las energías renovables (a menudo cuestionadas por la inconstancia de la luz solar, y del viento), como alternativa a los combustibles fósiles. Estos tendidos inteligentes permitirán la satisfacción de la demanda cuando esta alcance picos de consumo, así como cuando haya una disminución de la potencia generada.

En este contexto, el protagonismo de la batería de litio no pasará desapercibido en Argentina, cuyas salinas de la región noroeste son una de las puntas del llamado Triángulo del Litio, un área que concentra alrededor del 70% de los yacimientos de litio del mundo, y que abarca también el desierto de Atacama chileno y el sur de Bolivia. Se estima que la comercialización de litio en el mundo aumentará de 2.000 millones de toneladas en 2016 a 7.700 millones en 2022. En este contexto Argentina disputará con Australia la posición de primer productor mundial, pasando de producir 5.500 toneladas actuales a más de 330.000 en 2022. Si bien hoy en día las exportaciones argentinas de litio son fundamentalmente de productos primarios (litio carbonato 93%, y cloruro de litio) la compañía provincial Jemse (Jujuy Energía y Minería SA) anunció, en convenio con el grupo italiano Seri, e Y-Tec (división tecnológica de YPF) la instalación de la primer planta de celdas y baterías de litio en Sudamérica.

 

2. Impacto de las nuevas tecnologías en el sector financiero

La industria financiera es testigo de drásticos cambios de la mano de las nuevas tecnologías, con nuevos actores que amenazan la asentada hegemonía de la banca tradicional, y nuevas oportunidades para la inversión, el crédito, y la inclusión financiera.

 

2.1 Fintech 

Hablar de Fintech, o Tecnología Financiera, es referirse a la aplicación de innovaciones tecnológicas para mejorar las actividades financieras, generando así nuevas aplicaciones, procesos, plataformas, y productos, disponibles a través de Internet. Esta incluye cuatro segmentos fundamentales: herramientas de operación y medios de pago, dinero electrónico, conocimiento del cliente y big data, y finalmente ciberseguridad. De esta manera, el desarrollo de las Fintech, generalmente start ups de gran expertise, ha derivado en el surgimiento de toda una nueva rama de la industria financiera.

Aquí el rol de las start-ups no es menor, ya que por mucho tiempo las grandes instituciones financieras establecidas dificultaban el ingreso de nuevos jugadores a la industria. Hoy en día, nuevas compañías disruptoras ganan terreno en diferentes instancias de la cadena de valor del sector financiero, desde los pagos a distancia a los seguros. Estas start-ups se caracterizan por ofrecer una mejor experiencia al cliente, menores costos de servicio, y conducir a las autoridades regulatorias al dilema entre promover la innovación y la competencia, a la vez que garantizar la supervisión de estos disruptores (PwC, 2016).

En un contexto global en el que se estima que el 50% de la población mundial no tiene una cuenta bancaria, la Argentina no es una excepción, ya que el acceso al sistema financiero local presenta múltiples barreras. Estas van desde la desconfianza de la propia población, luego de un largo historial de crisis económicas, el alto costo de los servicios, el peso del sistema impositivo, la falta de papeles en regla, y la amplia porción de la población sumergida en la economía informal. Tal situación ha redundado en una gran oportunidad para la aplicación de tecnología abocada a la inclusión financiera. Aquí Ualá , una aplicación de banca móvil lanzada en octubre de 2017, constituye un verdadero leading case en el país (Moed, 2018). La start-up, diseñada para ser de fácil utilización para aquellos que nunca tuvieron una cuenta bancaria o accedieron a oline banking,  entrega una tarjeta asociada a Mastercard Prepaid, sin cargos por apertura, cierre, mantenimiento o renovación que permite realizar transferencias de igual a igual, seguimiento en tiempo real y control de gastos, transferencias a través de QR (y, por lo tanto, WhatsApp), y transferencias bancarias instantáneas para recargar el crédito del teléfono móvil.

La presencia de las Fintech en Argentina es un hecho. Al día de hoy ya operan en el país unas 60 start-ups de tecnología y finanzas,  y es el quinto destino de América Latina para fintechs provenientes de EE.UU. y Europa. Hasta ahora, el Banco Central (BCRA) tomó la postura de favorecer el desarrollo del sector, advirtiendo que no intervendrá hasta que se constate cuál es la evolución y el impacto de esta industria (Moed, 2018). A pesar de ello, Argentina todavía está por detrás de otros países en materia de regulación sobre la industria. Como México que en 2018 puso en vigor la primera Ley Fintech de la región.

 

2.2 Blockchain 

El término blockchain (cadena de bloques) refiere a una tecnología creada para dotar de propiedad digital a las personas en el mundo online sin necesidad de ningún intermediario, ni ninguna autoridad central que controle a los usuarios que participan en una transacción y las cosas que adquieren. Se trata de una suerte de libro contable digital (o ledger, en inglés) concebido como una base de datos distribuida que registra bloques de información y los entrelaza para facilitar la recuperación de la información y la verificación de que ésta no ha sido cambiada al momento de realizar transacciones.

Inicialmente esta tecnología se asociaba comúnmente con monedas digitales, y al Bitcoin en particular. Sin embargo, hoy en día, las aplicaciones de blockchain se están explorando en muchas industrias como una forma segura y rentable de crear y administrar una base de datos distribuida y mantener registros para transacciones digitales de todo tipo. De esta manera, la lista de posibles aplicaciones del blockchain en el sector financiero es casi ilimitada, pues abarca desde transacciones hasta la generación de contratos automatizada, y más. A su vez, esta implicaría una fuerte reducción en la infraestructura del sistema bancario y sus costos de intermediación, junto con la utilización de un sistema altamente resistente al fraude, para la protección de información y autenticación de datos.

En Argentina, un referente en la aplicación de esta tecnología en el sector es Ripio, una startup cuyos servicios reemplazan la necesidad del consumidor de acudir a un banco tradicional (Moed, 2018). Lanzada en 2013 como la primera operadora de pagos con bitcoin en América Latina, sus servicios fueron incorporando billetera digital, compra-venta de divisas, y créditos. Sin embargo, Ripio ha comenzado a brindar nuevos servicios financieros basados en blockchain. Así, a partir de 2017 lanzó la Ripio Credit Network (RCN), una red de crédito global, donde los usuarios pueden solicitar financiamiento a través de sus billeteras digitales, generando un contrato digital que permite a otros usuarios alrededor del mundo financiar el crédito solicitado.

 

2.3 Ciberseguridad

En un contexto como el descrito en los dos apartados anteriores, caracterizado por la aplicación de las nuevas tecnologías a los servicios financieros, donde avanzarán la robótica y la inteligencia artificial, y donde tanto las startups como la banca tradicional y los entes reguladores se vuelcan a las herramientas digitales; las amenazas a la seguridad de la información y los activos administrados por los prestadores financieros debe ser una cuestión prioritaria.

Ya en marzo de 2016, la pérdida de 100 millones de dólares por parte del Banco Central de Bangladesh a manos de hackers, puso de manifiesto el enorme desafío de garantizar la protección de los activos en tiempos de la digitalización financiera. En este sentido, siendo que la nube será el ámbito por excelencia de intercambio de información, almacenamiento de datos, y realización de operaciones, las principales preocupaciones corren hoy por cómo blindar al sistema de amenazas dirigidas a la nube, así como evitar el acceso no deseado a los datos personales de los usuarios y consumidores.

Sin duda aquí el desafío será balancear las exigencias de seguridad con la comodidad y fácil utilización de los servicios por parte de los clientes. De esta manera, el desarrollo de la llamada seguridad biométrica, consistente en la identificación por huellas dactilares, voz, o facial, constituye una de las alternativas para consolidar la seguridad del sector financiero.

 

3. Impacto de las nuevas tecnologías en el sector agroindustrial

Históricamente el agro ha sido el sector más dinámico de la economía argentina. Hoy el crecimiento de la población mundial siembra dudas respecto a su capacidad para abastecer de alimentos suficientes, a tal punto que durante la presidencia argentina del G20 en 2018, la seguridad alimentaria fue uno de los temas en agenda. Las innovaciones tecnológicas descritas a continuación dan cuenta del potencial de la agroindustria para responder eficazmente a este desafío.

 

3.1 Internet de las Cosas

El término Internet de las Cosas refiere a la creciente cantidad de dispositivos electrónicos cotidianos que están siendo conectados a Internet, lo cual implica un aumento sustancial en nuestra capacidad para reunir, analizar y usar información. En el caso particular de la agroindustria, esta nueva tecnología mejora la eficiencia en el uso de los recursos a través de la implantación de sensores en los campos, en las maquinarias, y en los productos finales. Surge así la llamada agro-ganadería inteligente (Smart Farming), que se sirve de internet y grandes cantidades de información para la toma de decisiones.

El éxito, tanto de las empresas como de los países, estará determinado por su adaptación al nuevo escenario, su capacidad de desarrollo e innovación tecnológica, y su destreza para hacer frente a los desafíos que significa la Cuarta Revolución Industrial y el futuro del empleo.

De esta manera la instalación de sensores en los campos, complementados con tecnologías de reconocimiento de imagen, permitirán a los productores visualizar sus cultivos desde cualquier parte del mundo, proveyéndolos a su vez de información en tiempo real (como las condiciones climatológicas, el precio internacional de sus productos, calidad del agua y del suelo, etc.) para tomar las acciones necesarias para mejorar los rindes. Además, sensores están siendo instalados en las maquinarias del campo para verificar el estado de la misma, y desarrollar una agricultura de precisión que permita compensar el terreno irregular, mapear el rendimiento, documentar la cosecha, y utilizar sistemas de navegación.

Además, la instalación de sensores con tecnología RFID (identificación por radiofrecuencia) en el producto final permitirá rastrearlo desde el campo hasta el punto de venta. De esta manera, el consumidor podrá rastrear el producto desde el lugar en el que fue cultivado o criado hasta el lugar en el que lo adquirió, permitiendo así mayor transparencia y exigencia en la responsabilidad de los productores de proveer un producto fresco, de calidad, y, según los casos, amigable con el medio ambiente. Esta tecnología será de gran utilidad también para las autoridades regulatorias o sanitarias, ya que de propagarse una bacteria peligrosa, los sensores RFID permitirían rastrear el origen de la misma, siguiendo su ruta desde el campo a las góndolas.

 

3.2 Automatización

La automatización agroindustrial refiere a la aplicación de los nuevos avances tecnológicos en robótica a las diferentes etapas de la cadena productiva. Estos robots pueden ser autónomos, equipados con sensores que les permiten evaluar situaciones y tomar decisiones, o semi-autónomos (dirigidos por un operador). Además, pueden tener todo tipo de formas, como brazos automáticos, drones, y demás.

En efecto, la implementación de la robótica en el sector pareciera no conocer límites, ya sea que hablemos de ganadería o agricultura, e incluso realizando tareas antes consideradas demasiado delicadas para una máquina. Así, la alimentación de los animales, la limpieza de sus desechos y de los graneros,  el trasplante de plantas, la cosecha o recolección de frutos, la fumigación, el desmalezamiento, y el embalaje son tareas que en un futuro cercano podrán ser llevadas a cabo por robots. En esta enumeración debería incluirse el uso de drones, cuya utilización permite el monitoreo de cultivos, obtención de imágenes 3D para predecir la calidad del suelo, y planificar patrones de plantación. Además, los drones permiten una fumigación más amigable con el medio ambiente, ya que su uso permitiría no alcanzar las aguas subterráneas, y reducir en un 90% el uso de agroquímicos.

Sin duda, la automatización del trabajo rural traerá aparejado un aumento de la productividad, un uso más eficiente de los recursos, y un menor impacto ambiental; todas necesidades imperiosas para garantizar la seguridad alimentaria a nivel mundial, una problemática largamente discutida a lo largo de la presidencia argentina del G20. Pese a ello, su implementación reemplazaría una sustancial cantidad de mano de obra humana, generando potenciales conflictos sindicales y posible desplazamiento de poblaciones rurales.

 

3.3 Genética y biotecnología

La confluencia entre la biología y las nuevas tecnologías sin duda alguna cambiará no solo los modos de producción del sector agroindustrial, sino la naturaleza misma de sus productos. En efecto, la genética se sirve de modificaciones de ADN y tecnología para reforzar las posibilidades de las semillas y el ganado. Sus aplicaciones van desde el clonado, a la posibilidad de crear poblaciones de semillas o animales a diseño con características específicas, por ejemplo papas con conteniendo de un determinado tipo de almidón, resistentes a enfermedades, herbicidas, insectos, o fenómenos climáticos, así como resistencia para ser cultivadas o criadas en zonas antes consideradas incultivables.

Por su parte, la bioinformática permite la aplicación de tecnologías de la información y el análisis de datos para enriquecer el conocimiento biológico.  Su desarrollo permitirá combatir el estallido y propagación de enfermedades y virus (como la gripe aviar), o insertar chips para monitorear su salud y aumentar la producción, y hacer análisis de riesgo.

Estas tecnologías permitirán mejorar la calidad y resistencia de las semillas, los niveles de producción, y algunos incluso anticipan un proceso de transición poética, es decir un cambio en los patrones de consumo de las sociedades, donde la carne perderá su protagonismo como principal fuente de proteína frente a nuevas alternativas, como las algas, los insectos, o la carne artificial, producida a partir de tejidos extraídos del músculo de las vacas o tejidos fetales y multiplicándolos en condiciones de laboratorio. De esta manera, la genética y la bioinformática permitirán desarrollar agronegocios más amigables con el medio ambiente, ya que la adaptabilidad de cultivos permitirá reducir el uso de fertilizantes, herbicidas, y la emisión de gases de efecto invernadero. Sin embargo su futuro es incierto, ya que cuestiones éticas, legislaciones restrictivas, el uso de patentamientos y licencias en una batalla por los derechos de autor de materiales genéticamente modificados dificultan el desarrollo de la ciencia.

 

Conclusiones: Hacer de los desafíos una oportunidad

A lo largo de este informe hemos identificado las tecnologías que tendrán mayor impacto en tres sectores clave para la economía Argentina de 2030, con el objetivo de contribuir al fortalecimiento de la capacidad de adaptación y respuesta del sector corporativo a los desafíos que trae aparejados la Cuarta Revolución Industrial.

Es evidente que las nuevas tecnologías pronto cambiarán la forma de producir, comercializar, y consumir bienes y servicios a nivel mundial. Sin embargo, la transición hacia este nuevo paradigma promete ser sumamente disruptiva y, posiblemente, dispar tanto entre los diferentes países, como entre los sectores productivos dentro de una misma economía nacional.

Así, la necesidad de repensar el mundo del trabajo, marcos y entes regulatorios condenados a ir por detrás de estos cambios, y la reacción conflictiva de diferentes actores de la sociedad, como los sindicatos, o los grupos ecologístas y pueblos originarios en el caso del desarrollo de hidrocarburos no convencionales, abre dos frentes desafiantes para el sector empresario; a saber: la necesidad de acoplarse a la innovaciones de la Cuarta Revolución, así como de lidiar positivamente con los problemas própios de las sociedades en transición tecnológica.

En este contexto el éxito corporativo estará determinado por su destreza para hacer frente a estos dos desafíos. Más allá de su innegable complejidad, es preciso que las empresas adopten una postura proactiva y previsora, trabajando codo a codo con los diferentes niveles del Estado, instando al desarrollo de infraestructuras y servicios hoy deficientes, teniendo una actitud propositiva e innovadora en el proceso de creación de nuevos marcos regulatorios, y anticipar conflictos con actores clave, que podrían poner en riesgo oportunidades de negocio, para buscar soluciones mutuamente beneficiosas.

La Cuarta Revolución industrial es un hecho, lo que estará en juego ahora será la capacidad, tanto de Estados como de empresas, para adaptarse exitosamente a las innovaciones tecnológicas que esta propone. Una vez más en la historia, el éxito acompañará a aquellos que sean pioneros, y logren anticiparse.

 

Trabajos citados

Albrieu, R., & Rapetti, M. (2018). The Fourth Industrial Revolution and the Future of Work in Argentina. Buenos Aires: CIPPEC.

Albrieu, R., Rapetti, M., Brest López, C., Larroulet, P., & Sorrentino, A. (2018). Inteligencia artificial y crecimiento económico. Oportunidades y desafíos para Argentina. Buenos Aires: CIPPEC.

Marr, B. (13 de Agosto de 2018). The 4th Industrial Revolution Is Here – Are You Ready? Forbes.

McKinsey Global Institute. (2013). Disruptive technologies:Advances that wil ltransform life, business, and the global economy. McKinsey & Company.

Moed, J. (11 de Octubre de 2018). Which Fintech Startup Holds The Key To Argentina’s Future? Forbes.

Newman, D. (14 de Mayo de 2018). Top Six Digital Transformation Trends in Agriculture. Forbes.

PwC. (2016). Financial Services Technology 2020 and Beyond: Embracing disruption. PwC.

PwC Argentina. (2017). Energías renovables en Argentina: Oportunidades en un nuevo contexto de negocios. PwC Argentina.

Schwab, K. (2017). The Fourth Industrial Revolution. Crown Business.

Wilde, S. d. (2016). The Future of Technology in Agriculture. The Hague: STT Netherlands Study Centre for Technology Trends.

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