De la mano de Luis Secco, economista y miembro del Consejo Asesor LL&C Buenos Aires, analizamos el discurso de Mauricio Macri en la apertura de sesiones Ordinarias del Parlamento Argentino con algunos puntos clave a remarcar:

  • Se trató de un discurso de claro tinte proselitista; cargado de comparaciones de cómo está la Argentina hoy respecto a cómo estaba en 2015. Y más allá de cuál haya sido el objetivo del Presidente, el discurso fue calificado por la oposición, por analistas políticos y buena parte de la opinión pública como profundizador de “la grieta”. Mostrando que el eje de la campaña electoral del oficialismo será una vez más “o nosotros, o el espanto”.
  • Volver a centrar la campaña en fomentar el voto “en contra de” en lugar del “a favor de” tiene consecuencias gravosas.  La falta de un mandato sobre cuestiones explícitas, una agenda conocida y bien explicada, hace mucho más difícil gobernar.  Puede facilitar ganar una elección, pero está claro que compromete las chances de llevar adelante dicha agenda cuando llega la hora de gobernar.
  • El presidente Macri recorrió lo que considera algunos de los logros de su gestión (aumento de la obra pública, de las exportaciones no agropecuarias y del turismo, lucha contra el narcotráfico y la corrupción y la desigualdad de género, la normalización estadística, un mayor cuidado del medio ambiente y el aumento de la inversión en energías renovables y el reconocimiento de la comunidad internacional); reconoció errores y se lamentó por resultados que no son los esperados en materia de reducción de la pobreza y de la inflación; y por último, reforzó la “pobreza cero” como objetivo primordial de su mandato.
  • Sin embargo, y a pesar de algunas especulaciones mediáticas, no hubo anuncios en materia económica. Podríamos decir que prácticamente no hubo anuncios en ninguna materia.  Sólo se rescatan tres concretos: un aumento del 46% de la Asignación Universal por Hijo y el envío de dos proyectos legislativos; uno para modificar la Ley Federal de Educación en el artículo que impide la difusión de los resultados de la evaluación de la calidad educativa a nivel de cada escuela; y otro proyecto que modifica el Código Penal Procesal con relación a la edad de imputabilidad de menores.
  • Si bien se trata de un año electoral, en el que habrá poca labor legislativa (muchos diputados y senadores estarán compitiendo electoralmente de ahora en más), la ausencia casi total de anuncios sobre cuál es la agenda del gobierno resulta de todas maneras decepcionante y preocupante. No hay dudas que es vital estabilizar la macro; y por el momento, estamos sólo en el camino de ida hacia tal objetivo.  Así que la prioridad del gobierno tiene que ser recuperar la confianza perdida y mostrar que su compromiso de bajar la inflación y corregir los desequilibrios macroeconómicos no se relaja a pesar de las consecuencias que dicha corrección tiene sobre la actividad económica y el empleo.  Pero atención, la estabilización macro es una condición necesaria pero no suficiente para “salir del pantano” (utilizando la metáfora del presidente Macri).
  • Argentina es hoy un país al borde de la inviabilidad. Una presión tributaria récord para financiar un Estado enorme pero ausente. Una economía cerrada, poco competitiva y archi regulada. Con un marco regulatorio y tributario que, bajo el argumento de la emergencia puede cambiar de un momento a otro sin importar sus consecuencias sobre los derechos de propiedad, el ahorro, y la inversión. Atacar esta inviabilidad latente requiere de un programa integral que no solo reduzca los desequilibrios que originan la inestabilidad macro; hacen falta reformas profundas en materia laboral, tributaria, previsional y educativa, entre otras.  Para ello hay otra tarea pendiente y simultánea, la de definir un modelo de país; porque no se puede pensar en ninguna reforma sin tener claro hacia dónde queremos ir (¿un país industrial, un país agroexportador, un país exportador de servicios?).
  • Ahora bien, cabe preguntarse si esto último es posible.  Sobre todo, teniendo en cuenta tanto el discurso presidencial como lo que aconteció dentro y fuera del recinto de la Cámara de Diputados. La tensión, los gritos, las descalificaciones, los insultos dentro del recinto, las marchas y las manifestaciones contra la gestión del gobierno fuera de él, muestran una Argentina profundamente dividida. Con una visión muy diferente tanto del pasado, como del presente, como del futuro del país. Una alternativa es la resignación.  Aguantar y preservar el status quo esperando un milagro pensando que estamos “condenados al éxito”. Otra es la de ir de a poco, buscando consensos y haciendo pequeños cambios en el margen. Este parece ser el camino elegido por el Gobierno. Aún cuando ya debió haber quedado claro que es un camino peligroso para un país que, como dijimos más arriba, está al borde de la inviabilidad. Por último, queda la alternativa de ir a fondo, con audacia y liderazgo para llevar adelante un cambio de régimen, que sea percibido por todos, que aleje definitivamente a la Argentina de las crisis recurrentes y la ponga en un sendero de crecimiento sustentable desde el punto de vista económico y social.

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