“Cristina no es peronista”. Con esta frase un dirigente justicialista afiliado al partido, se refirió a su conducción política previo a las PASO de 2015. La formalización del Frente de Unidad Ciudadana (FUC), de alguna forma puede demostrar que ese dirigente no estaba tan equivocado.

El peronismo como movimiento tal cual lo definía el Juan Domingo Perón hoy tiene más dudas que certezas. Acostumbrado a una conducción vertical, hoy vive bajo una dinámica horizontal. Nadie es más que otro. Pero la ex Presidente, a pesar de todo, es la dirigente que tiene mayor intención de voto dentro del variado espectro opositor. Por eso todos se pelean por ella; para sumarla o para bajarla.
El FUC es una alianza, mal que le pesé a muchos. Tiene el mismo formato de coalición de partidos tan criticado por el FPV, durante las elecciones presidenciales de 2015. En ese caso el destinatario era Cambiemos. A pesar de la presentación de este frente, todavía no está definido si CFK será candidata. Que lo sea sería lo más fácil. Solucionaría parte de sus problemas, pasaría a tener fueros parlamentarios, por ejemplo, y beneficiaria potencialmente al oficialismo ya que cobraría sentido la estrategia polarizadora entre ella y Macri.
Pero no es tan simple todo, Cristina estaría jugando a desconcertar. Todavía mantiene una esfera de influencia a tal punto que no sólo logra que escribamos sobre ella, sino también que el gobierno no comunique quienes lo representarán en las listas.
Cambiemos corre con cierta ventaja en ese sentido. Sabe que puede esperar a nombrar a los suyos porque es Estado, y al serlo siempre hay más chances de ganar en un comicio. La oposición, por su parte, tiene la ventaja de la crítica sin reparos aunque a veces puede mezclarse con lo desmedido.
El saldo arrojado pos inscripción de frentes electorales (la próxima fecha clave es el 24 de junio, día que se anuncian los candidatos de cada frente) muestra también otros condimentos que tienen que ver con la decisión de la ex Presidente de la Nación. Descartar el sello del PJ para ser mucho más autónoma muestra también su poco interés por el histórico partido. “CFK nunca debatirá con alguien que fue “empleado suyo, declaró, en clara alusión a Florencio Randazzo.
Con esta distribución de espacios, este último queda en una situación inaudita. La interna era si competía o no con CFK en un mismo espacio, no si ella formaba su propio frente separado. Pero el ego en la política, y en algunos dirigentes pesa mucho más. Ahora el ex Ministro del Interior y Transporte corre desde atrás. Primero debe sortear una interna con otro candidato seguro, Mario Ishii, y otro a confirmar, con algún designado de Guillermo Moreno. Pero en caso de ganar la interna, nada asegura que los votos de los derrotados, se queden con él en la general. Mucho menos si participa la lista de Moreno. Por eso tal vez Randazzo esté más atento a 2019 que 2017 aunque a algunos asusta su falta de aparición pública.
Sergio Massa, a pesar de haber perdido algunos casilleros, puede salir beneficiado de alguna forma. Dentro de lo grande que es hoy el peronismo (por sus variantes, no precisamente por su historia) es quien más se puede diferenciar de los otros dos espacios constituidos pero básicamente porque fue el primero que saltó. Mientras en el oficialismo sonríen. La estrategia de Jaime Durán Barba de polarizar a pesar de no marcar una diferencia sustancial dentro del electorado todavía, comienza a tomar forma. Divide al peronismo, y ya no importa quién sea el candidato total “pongan a quien pongan”, con una oposición tan dividida y con una gobernadora como María E. Vidal, alcanza para ganar.
Una de las claves post elecciones estará en saber interpretar de la manera correcta los resultados. Ganar por amplio margen es lo que parte de los fanáticos de cambiemos quieren. Pero eso sirve en el corto plazo. Si queremos pensar en el largo plazo, los números finales deberían ser más escuetos. ¿Para qué? Debido a que nadie crea que tiene más posibilidades que otro. Los principales espectadores de esta elección serán los gobernadores y los intendentes.
Si estos dos tipos de Jefes de Estado no refuerzan sus poderes legislativos este año, llegarán debilitados a las elecciones de 2019. Es importante aclarar que ninguno de ellos está pensando más allá de este año, algunos porque necesitan aún despegarse de sus antecesores; y otros porque quieren formar parte de la eterna y tan proclamada renovación peronista. Y esa renovación que no incluiría a Cristina. La grandeza de un buen dirigente también está en saber decir “…hasta acá llegué, ahora dejémosle el lugar a los más jóvenes”. Quien quiera oír que oiga.

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