En el año 2009, el gobierno de turno a cargo de Cristina Fernández de Kirchner promulgó la Ley № 26.571 por medio de la cual, entre otras cosas, se establecieron las elecciones primaras, abiertas, simultáneas y obligatorias, más conocidas como PASO. Las PASO vuelven a estar en estos días en el centro de la escena, pero por su manipulación.

Así como su nombre lo denomina, las PASO, son obligatorias para los ciudadanos argentinos habilitados para votar. Pero no lo son (?) para los candidatos que quieren ser electos para los cargos. Paradojas de nuestro sistema electoral, muy defectuoso por momentos. A pesar que la mencionada ley estipula también el inicio del periodo de campaña, todos aquellos que se juegan por algo este año, ya comenzaron con el proselitismo subjetivo hace varias semanas.

El oficialismo, como hemos mencionado, busca consolidarse como opción de gobierno por medio de esta elección que será la primera desde de diciembre de 2015. Por el lado de la oposición, representada en su gran mayoría por diversas versiones del peronismo, será una oportunidad para recuperar, o no, parte del terreno perdido en 2015.

Como escribió esta semana el analista e historiador Carlos Pagni en su habitual columna de La Nación, tanto Mauricio Macri como Cristina Kirchner, se necesitan y se retroalimentan. Cada uno tiene sus motivos y/o necesidades para hacerlo. Cambiemos comenzó el segundo trimestre del año con mucho impulso, anunciando candidaturas y midiendo a funcionarios en todos los distritos que son vitales para ellos. Sin embargo, la complejidad de la elección en la provincia de Buenos Aires y la toma de conciencia de ello sobre todo, hizo que mucho de lo previsto previamente esté hoy bajo revisión. Por el contrario, la oposición (principalmente el peronismo) tiene tantas variantes como oportunidades de ganar o perder.

La volatilidad de los electores hace aún mucho más difícil la previsibilidad de los resultados. El voto ya no está ideologizado y mucho menos fidelizado, las emociones predominan por sobre la lógica. El que se vote por la opción A en las internas, no quiere decir que vote de nuevo por ellos en las generales. Es verdad que tanto el macrismo como el kirchnerismo, en este afán por ponerle dueños a los votos tienen “seguidores” leales, pero según algunas encuestas de esta semana, en el medio de ambos núcleos existe un para nada despreciable 40% del electorado que no es de nadie. Al menos por ahora, pero por ese número se pelean todos.

Como analizamos también, Cambiemos decidió no abrir el juego a las internas, donde participarán con lista propia. El kirchnerismo se quiere encolumnar detrás de la ex Presidente, que juega fiel a su estilo y usa el misterio como su principal estrategia electoral. Da señales confusas, envía a voceros a declarar su candidatura y opera mediante su principal hombre de confianza: su hijo Máximo. Pero ella sólo se limita a decir que “…si tengo que ser candidata, lo seré”. Las causas judiciales avanzan y eso podría ser determinante para tomar una decisión.

Dentro de la misma comunidad justicialista, ex el Ministro Kirchnerista, Florencio Randazzo, sabiendo que CFK se negará a la interna bajo el mismo sello, argumenta que lo quieren proscribir. No lo hace públicamente, sino en reuniones internas que por esas casualidades del mundo digital luego terminan siendo viralizadas. El ex Intendente de Chivilcoy, que no se presenta a una elección desde finales de la década del ’90, tiene el apoyo de sectores más “ortodoxos”, muchos de los cuales también fueron, como él ,parte del gobierno cristinista. Los intendentes que lo apoyaron en un principio, uno de los tantos grupos que existen, están divididos y también especulan. Estos últimos son los más preocupados porque necesitan fortalecer sus cuerpos legislativos en sus ciudades para llegar mejor armados en 2019. Por eso no nos debe sorprender que digan una cosa públicamente, y luego hagan otra. Inclusive que repartan candidatos en ambas listas si finalmente Randazzo “juega” con sello aparte (lo cual podría ser una llamada a un ex Presidente, Eduardo Duhalde).

Por su parte Cambiemos también juega su ficha con el randazzismo. Dividir al peronismo es funcional a su estrategia. Mientras se mantenga latente la participación de CFK, y Randazzo siga siendo parte de la conversación, el tiempo juega a su favor. La mesa política de Cambiemos habla más seguido de lo que se conoce con el ex Ministro. Siempre está dando vuelta la idea de los carpetazos como herramienta condicionante.

Siempre dentro del peronismo, la otra vertiente es el Frente Renovador. Sergio Massa, que se muestra en cuanta oportunidad puede con su nueva socia política, la socialista Margarita Stolbizer, está perdiendo algunos dirigentes y necesitan con urgencia recuperar protagonismo. La estrategia polarizadora de Cambiemos, si bien aún no hizo efecto en el electorado (sino no se explica el 40% mencionado anteriormente), comienza a traerle algunos problemas que repercuten en su cartel. Ahora hasta coincidió en el reclamo que hizo el Frente de Izquierda por el aumento de gastos de representación que acaba de aprobar la Cámara de Diputados para sus legisladores.

Bajo este escenario los partidos se preparan para el cierre de listas el próximo 24 de junio. Cambiemos, que en 2015 abrió la interna entre PRO, CC y UCR para la nacional y el PRO mismo que hizo lo propio en la ciudad entre Horacio R. Larreta y Gabriela Michetti, ahora se niega a hacerlo. El kirchnerismo que forzó las PASO para la provincia de Buenos ese mismo año, este año por pedido de CFK quiere dejar afuera a Randazzo, a menos que se alinee.  En el medio el ciudadano común y corriente tiene que ir a votar obligatoriamente mientras los partidos y frentes electorales juegan a las escondidas.

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