Mauricio Macri acaba de terminar el raid internacional más importante desde que es Presidente, en poco más de 10 días visitó Emiratos Árabes Unidos, China, Japón y Ecuador. A este viaje debemos sumarle, días antes, su visita a Estados Unidos.

A pesar de tener en la Canciller, Susana Malcorra a uno de sus principales Ministros con sobrado respaldo para la función que ejerce, el propio Presidente se puso como objetivo reposicionar al país en el exterior,  revertir su imagen  y gestionar su reputación internacional mediante una diplomacia presidencial.

No es casual que en poco más de 30 días, el Presidente se haya reunido con las máximas autoridades de Estados Unidos, Italia, Emiratos Árabes, China, Japón y Alemania, dos de estos casos inclusive con citas en Buenos Aires. La agenda internacional que se encuentra gestionando el Primer mandatario produce en todo el Gobierno el impulso de movimientos tendientes a crear la imagen de estabilidad y seguridad jurídica solicitadas por los inversores extranjeros.

El mundo está cambiando, segundo a segundo. Ya ni siquiera alcanza con hacer comparaciones inter anuales. Ataques terroristas de los denominados “lobos solitarios” generan pánico y paranoia en todo el mundo. Hoy lo sufre Europa, pero vaya que la Tierra entera conoce del tema. Latinoamérica no debería estar exenta de eso. Buenos Aires reunirá el año próximo a los 20 líderes mundiales más importantes del planeta y hay que estar a la altura.

Argentina, y en particular Macri, analiza detenidamente qué pasos dar en materia diplomática. Inclusive elige a los miembros que formarán parte de las misiones oficiales que suelen acompañarlo en en cada uno de sus viajes. Opositores y aliados. Sindicalistas y Gobernadores. Empresarios y líderes de opinión. Todos valen para dar una muestra de conducto social ordenada en un mundo desordenado.

La visita a Estados Unidos con anterioridad a la de China, no fue casual. Tampoco fue usual.

La recepción del Primer mandatario de Estados Unidos no dejó de ser admirable, no sólo por la residencia en donde se hospedó, un palacio exclusivo para invitados del Presidente (que fue la casa donde Trump durmió la noche anterior a su asunción oficial), sino además por la re confirmación de algo que muchos recordaban pero que no todos querían ver: el principal interlocutor con el gobierno americano, luego de la apuesta por la candidata demócrata, era el mismo Macri. “Con Macri somos amigos desde hace muchos, muchos años” mencionó el Presidente americano durante el encuentro con su par argentino.

El tema central del encuentro giró en torno a la situación en Venezuela, Trump ve en Mauricio Macri un aliado clave para entender qué sucede y sobre todo que podría ocurrir allí.

Estados Unidos tiene intereses más que importantes en la República Bolivariana, en ese sentido,  Argentina se presenta como el país que  mejor se muestra en la zona del Mercosur o al menos es quien está intentando hacer mejor las cosas.

Precisamente con respecto al Mercosur, el bloque y su inactividad se volvieron otro desafío para esta gestión. Ante los pedidos por “sacar” a Venezuela de dicha unión, planteos que llegaron a la OCDE, se encontró a Paraguay y Brasil como socios en la materia,  mientras que Uruguay prefiere no involucrarse demasiado.  Debido a la situación política en estos últimos países, en particular alrededor de los dos Presidentes, Macri sabe que tiene una oportunidad para usufructuar del Mercosur y sacar provecho propio.

Tanto Michel Temer como Horacio Cartés están viviendo momentos de tensión. El primero por los hechos que lo involucran a él y a gran de parte de sus aliados en maniobras de corrupción a poco más de un año de asumir. El segundo está discutiendo con el Congreso varias decisiones claves para el futuro del país. Entre ellas su re elección bajo un mandato que va perdiendo apoyo popular.

Con este escenario, el hecho de avanzar en los acuerdos de libre comercio con la Unión Europea, Estados Unidos y aumentar el tráfico comercial con las grandes potencias de Asia son clave para sacar rédito del momento del país. No es casual que Argentina tenga mejores expectativas de crecimiento en el exterior que en el interior. El mercado financiero es quien mejor lo demuestra.

Más allá de este escenario, es importante tener en cuenta que Argentina necesita del país vecino Brasil, no sólo por lo que representa en términos de comercio bilateral (el 40% de nuestras exportaciones van hacia allí), sino porque el vecino país es la máxima potencia de Sudamérica. Se suele decir que “si Brasil estornuda, nosotros nos resfriamos”.

Justo cuando dicha Nación había anunciado índices de crecimiento y baja de inflación, sucedió lo que es de público conocimiento. El contexto brasileño no beneficia en nada el avance de los acuerdos comerciales con otras zonas del mundo, y es por eso que se analiza cada vez más explotar mercados alternativos para no ser Brasil-dependientes,  ya que la vuelta a la normalidad en el país del “orden y progreso” demandará mucho tiempo.

Entre esas rutas alternativas se destacan África y Asia. La necesidad de aportar alimentos en un mundo que apesta por la pobreza y la hambruna, hace países como el nuestro se vuelvan un oasis en el desierto. “Tenemos que dejar de ser el granero del mundo para convertirnos en el supermercado del mundo” dijo Macri en China días atrás. O sea, dejar de producir alimentos, solamente para darles valor agregado de la mano de tecnología e innovación.

Pero para poder lograr eso, antes hay que ser más competitivos, ganar en productividad, bajas costos (fletes por ejemplo), invertir en infraestructura y desarrollar nuevas habilidades. China tiene dinero de sobra y necesita mercado para invertir. Argentina tiene necesidad crediticia y le sobran recursos. Es una combinación que puede ser muy buena, pero también muy mala si nos convertimos luego en China-dependientes.  Veremos en qué terminan los acuerdos firmados con el gigante asiático durante la Visita de Estado del  Presidente de la Nación.

En definitiva, somos testigos privilegiados de un mundo totalmente colapsado. Totalmente maltratado en parte por el propio hombre. El cambio climático, por más que Donald Trump lo rechace, es una realidad. Las guerras en Medio Oriente producen una oleada migratoria hacia Europa principalmente, y un llamado de atención a sus países miembros en el control de las fronteras. Casos como el Brexit podrían repetirse y debilitar aún más a la Unión Europea en un planeta que busca ser más individualista que global. África y Asia, que para nuestra región son destinos lejanos, podrían ser una tierra de oportunidades. Uno por necesidad y otros por demanda.

Finalmente, pareciera que Latinoamérica que está comenzando a sufrir un proceso de recambio dirigencial que parecería ir más hacia la centro derecha. El Mercosur y la Alianza del Pacífico tal vez sean más que vecinos en un par de años. En el medio de todo esto está Argentina que está intentando encontrar su lugar en el mundo. Ojalá lo encuentre por el bien de todos.

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